Andrés Bello. Discurso de instalación de la Universidad de Chile.


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  • Prólogo de Francisco Javier Pérez.
  • Maracaibo, Universidad Católica Cecilio Acosta, 2005.

El exigente y muy digno catálogo de publicaciones de la Universidad Católica Cecilio Acosta se ha convertido en referencia obligada a la hora de poner al día la lectura acerca del país. Este título editado en 2005 y que constituye el volumen cien del fondo editorial, es una de las piezas claves de ese enorme rompecabezas de lucidez llamado Andrés Bello y ofrece al lector la posibilidad de introducirse en la visión política e ideológica del intelectual venezolano. El prólogo de Francisco Javier Pérez nos invita en el fondo a superar la fase en la que hasta ahora se encontraban los estudios bellistas. En fin de cuentas, como nos lo recuerda Mariano Picón Salas, el asunto no es lo que se lee, si no cómo se lee. Hecho el mapa general de su gigantesca obra, es el momento de continuar con el análisis puntual de cada una de ellas, con la intención de colocar su pensamiento en el justo territorio de la construcción del pensamiento civil de nuestro continente, que aún convive con un mundo de estatuas y charreteras, de espadas y condecoraciones colgadas en el pecho.

Lo más interesante del prólogo es la propuesta de leer a Bello como un pensador romántico en el sentido latinoamericano del término, es decir, en el de un fundador de instituciones americanas que hablen desde la lengua y la representación simbólica del continente, en oposición a una idea abstracta de la lengua y de la filosofía como verdad eterna e inmutable. En este sentido, el caraqueño se opone de manera resuelta e inteligente a una lengua pura, detenida en el tiempo, pero sin dejar de pensar en los riesgos corruptores de un uso sin normas. El discurso de la Universidad también plantea la necesidad de explorar los mundos de la literatura, las artes y las ciencias desde una moral y una visión religiosa como norte hacia donde deben dirigirse la verdad y la pureza. Este moderno programa educativo universitario que se plantea en el Discurso, apuntala la necesidad y la exigencia de nacionalizar los saberes, fortaleciendo el trabajo intelectual contra cualquier forma de colonialismo académico.

 

Como bien lo afirma Iván Jacsik en su libro Andrés Bello. La pasión por el orden, el intelectual venezolano realizó un trabajo cuyo objetivo era muy definido a la vez que descomunal: sentar las bases estructurales del Estado-nación moderno. El Código Civil, la Constitución de 1833, la Gramática de la lengua castellana son textos, pero no sólo eso, son también máquinas legales cuyo objetivo es lograr un efecto, crear un orden, dar forma definida.

 

Por cierto, ya es hora de que alguna institución venezolana se planteé la edición de este libro de Iván Jacsik, fundamental en el apuntalamiento de una novedosa manera de pensar y leer el discurso intelectual de Andrés Bello, tan a tono con las necesidades y exigencias de su tiempo, pero con una visión ya enteramente moderna de la labor ordenadora del intelectual americano.

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