en dialecto suahili, “monólogo” quiere decir “palabra de mono” o “de primate”, que equivale a “palabra de gorila”, es decir, “palabra de militar”.
el primate (”siempre primero”), se divierte a costillas del sufrimiento ajeno, disfruta de sus largas peroratas. fanfarronea constantemente frente a los demás, tratando de demostrar que él es quien la tiene más grande. para ello, echa mano de su ley. las sesiones televisivas son conocidas por el nombre genérico de “la fiesta del chivo”.
en la taxonomía creada por carl von linneo a fines del siglo xviii, después de los primates se encuentran los “secundates” (o segundones), que vienen a ser tanto como los funcionarios de los poderes públicos: ministros, tribunal supremo, poder ciudadano, poder electoral, legislativo, etc. están impedidos para articular argumentos, pues tienen un serio problema al momento de codificar la realidad. este inconveniente está relacionado con una falla de origen detectada en el cromosoma 28. sólo repiten lo que oyen y por eso a veces se les dice “loritos”. por ejemplo: “ahí va el lorito de nicolás maduro a declarar lo de siempre”. “lo de siempre” debe traducirse acá por “fascistas”, “golpistas” “pagados por la cia”, “enemigos del proceso histórico que lidera el primate”, etc.
luego de los “secundates” vienen los “tertiates” (o tercerones), que vienen a ser los creadores y pensadores que apoyan al gorila. se distinguen de los “secundates” porque saben repetir lo que dice el mico-mandante (en alemán: führer), pero le agregan algunas comas y, sobre todo, abundantes signos de admiración. esto lo hacen de manera graciosa y más o menos inteligente, lo que les garantiza cierto aspecto de esa candidez característica que les arrima el mote de “intelectuales orgánicos”. no se inmutan cuando el primate, en tono burlón, engola la voz para decir “los intelectuales”, a pesar de que se refiera a ellos mismos. los “tertiates” suelen estar en posición de foca o de perrito de taxi, sentados justo al frente. de esta manera se convierten en animadores de la fiesta del chivo y ganan indulgencia con su propio escapulario. tiran la piedra y se esconden detrás de los muros de la patria suya, mientras los “secundates” arrojan gas del bueno al resto de la tribu. los paisanos suelen confundirlos con krosty, el payaso de los simpson. esta exégesis es del todo infundada, pues es un hecho público y comunicacional que krosty usa maquillaje.
entre los “tertiates” más destacados del mundo, figuran ignacio ramonet, mario benedetti, juan carlos monedero (el apellido nada tiene que ver con su calaña de ávida dollars) y silvio rodríguez, a quien por cierto ya nadie le cree cuando dice “futuro”.
en venezuela, luis britto garcía y roberto hernández montoya son “tertiates ” en versión prêt-à-porter. se les consigue en el mercado en un modelo con traducción simultánea para poder entenderles.
un extraño ejemplar de “tertiates”, en forma de caballo hecho con foammy, se le puede encontrar merodeando entre la casa de bello, el teresa carreño y el san ignacio.
tanto el primate como los “secundates” y terciates”, montaron un parque temático llamado “utopía”, ubicado sobre el espacio que ocupa la república de venezuela.
versión originaria: cuando yo dialogo no quiero que me interrumpan. versión segunda: yo dialogo, pero advierto que no cedo en mi posición. versión tercera: en diálogo, los que me contradigan deben reconocer de antemano su error. versión cuarta: después de cavilar, dictamino humildemente que el diálogo es innecesario.
Lo que ha ocurrido en los campos de concentración supera de tal modo el concepto jurídico de crimen, que muchas veces se ha olvidado considerar la verdadera estructura jurídico-política en la cual aquellos sucesos se produjeron. El campo es el lugar en el que se ha realizado la más absoluta conditio inhumana que se haya dado jamás sobre la tierra: es decir, en última instancia, lo que cuenta tanto para las víctimas como para los descendientes. Aquí seguiremos deliberadamente una orientación inversa. En vez de deducir la definición de campo por los sucesos acaecidos, nos preguntaremos más bien: ¿qué es un campo, cuál es su estructura jurídico-política, por qué han podido tener lugar semejantes sucesos? Todo esto nos llevará a mirar el campo, no como hecho histórico, ni como una anomalía perteneciente al pasado (aunque sí eventualmente, está todavía por verificarse), sino, de alguna manera, a la matriz escondida, al nomos del espacio político en el que vivimos. Los historiadores discuten acerca de si la primera aparición de los campos se deba identificar con los campos de concentración creados por los españoles en Cuba en 1896 para reprimir la insurrección de la población de la colonia, o con los concentration camps en los cuales los ingleses a principios de siglo reunieron a los boers; lo que importa aquí es que, en ambos casos, se trata de la extensión a una población civil entera de un estado de excepción ligado a una guerra colonial. Los campos nacen, no del derecho ordinario (y nunca, como se ha podido creer, de una transformación y un desarrollo carcelario), sino del estado de excepción y de la ley marcial. Esto es todavía más evidente para los Lager nazis, sobre cuyo origen y régimen jurídico estamos bien documentados. Sabido es que la base jurídica del internado no era el derecho común, sino la Schutzhaft (literalmente: custodia protectiva), una institución jurídica de origen prusiano que los juristas nazis clasifican a veces como una medida de policía preventiva, en cuanto permitía “tomar en custodia” a individuos independientemente de cualquier comportamiento penalmente relevante, únicamente con el fin de evitar un peligro para la seguridad del Estado. Pero el origen de Schutzhaft está en la ley prusiana del 4-6-1851 sobre el estado de asedio que en 1871 se extendió por toda Alemania (a excepción de Baviera) y, mucho antes, en la ley prusiana sobre la “protección de la libertad personal” (Schutz der persönlichen Freiheit) del 12-2-1850, que encontró una gran aplicación en ocasión de la primera guerra mundial.
hoy se cumplen sesenta y cuatro años del suicidio de adolfito hitler, el muchacho de braunau. una versión de la locura absoluta puede leerse en este documento, conocido como su testamento político, dictado horas antes en el bunker de berlín, con las tropas rusas a ocho cuadras. años antes, en sus días de gloria, solía cantarle a su mayordomo en el castillo de berchtesgaden (bavaria), quién le teme al lobo feroz, haciendo un juego de palabras con la etimología de su nombre, que en antiguo alemán quiere decir lobo noble.
Testamento político
Más de treinta años han pasado desde que en 1914 hice mi modesta contribución como voluntario en la Primera Guerra Mundial a la que fue forzado el Reich.
En esas tres décadas he actuado, únicamente por amor y lealtad a mi pueblo en todos mis pensamientos, actos y vida. Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles que mortal alguno nunca confrontó. En ello he empleado mi vida, mi esfuerzo en el trabajo y mi salud, durante estas tres décadas.
No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí.
Tampoco he deseado nunca, que después de la fatal primera guerra mundial, una segunda contra Inglaterra, o aún sobre Estados Unidos, fuera desatada. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos, resurgirá el odio contra aquellos finalmente responsables -a quienes todos debemos agradecer todo lo sucedido- el Judaísmo Internacional y sus secuaces.
Cuando se supo que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quería reunirse con Andrea Bocelli, cualquiera pudo suponer que el mandatario quería escuchar al cantante. Lo que nadie se imaginó es que el líder quería que Bocelli lo escuchara a él. Y eso fue precisamente lo que ocurrió ayer en la tarde en el Palacio de Miraflores: en el encuentro que sostuvieron en el despacho presidencial, el primer mandatario le cantó Venezuela y Traigo polvo del caminoal reconocido tenor italiano.
Una reunión en la que estuvo presente el cuatrista Williams Viña Pino, quien le contó al tenor la historia del cuatro y cómo se convirtió en instrumento tradicional venezolano, además de tocar varios joropos.
Tomado de El Universal, 26 de abril, 2009. Arte y Espectáculos, p. 3.
PD: lo bueno de la reunión, fue su productividad: uno que no ve, y el otro que no escucha...
El presidente de la hermana república de Feudalia, mariscal Manuel Anzábal, toma el juramento de práctica a nuevos ministros, en una ceremonia que se lleva a cabo en el Circo Estatal capitalino. Juran los nuevos ministros: De salud pública, general Roberto Frelloni. De agricultura, contralmirante Esteban Rómulo Capdeville. De vías navegables, brigadier Jorge McLennon. Y de educación y cultura, cabo primero Anastasio López…
Les Luthiers: Los noticiarios cinematográficos.
Comparto con el resto del universo el criterio de que los premios no son garantía de calidad o buenos consejeros para algo. Quiero decir que mi guía de lecturas no pasa por premios, así como mi catálogo de películas no pasa por el Óscar. Que un colectivo escoja lo mejor de una lista, sobre todo, cuando las obras ya son conocidas, es tanto como rizar el rizo. Y más aún cuando dicha selección se hace en nombre de quienes no tienen el gusto de conocer, es decir, de esa masa anónima que se llama el público. Sin embargo, y esto no está de más recordarlo para los párrafos que siguen, resultan buenos mecanismos de promoción y merchandising de la obra. Acá, el ego capitalista (hay que usar la neolengua) juega un papel importante. Muy importante. En el caso de la literatura, la ordenación de lo que Pierre Bourdieu llama pomposamente el campo literario (el circuito editorial, la crítica, la academia y los premios) conforma el territorio de tensiones en donde entra y debe desplazarse la obra. Ese comercio entre obra y público es lo que, en fin de cuentas, permite el conocimiento y, más aún, el reconocimiento. Por los intersticios de esas rendijas, se cuela el ego del escritor, considerado acá ya no como simple ciudadano, sino como artista. Pero, como la literatura no es platónica, necesita ejercer su dominio en un espacio y tiempo determinado. Es lo que el mismo Bourdieu llama el campo de Poder. Sobre este último punto regresaré más adelante. Baste con adelantar que la edición de un premio de reconocimiento no se da en el aire literario, si no en un país real. Quiero decir que el problema no es exclusivamente literario, lamentablemente.
Toda esta perorata tiene qué ver con la próxima edición del Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos”, cercado como está por elementos contradictorios, justo en este año. Y voy al grano. Hay cosas que no entiendo de los novelistas venezolanos, sobre todo de aquellos que han hecho visible oposición al actual gobierno revolucionario, socialista y bolivariano (hay que usar la neolengua). Los que creen en el socialismo como en una lámpara de inagotable aceite (la frase es de Jaime Sabines), lo tienen claro y pueden reposar tranquilamente sus muy dignas cabecitas en la almohada. Para ellos, es muy simple: ansían obtener para sus dilatados curricula (gestados con mucho tesón desde lo que la neolengua designa como la Cuarta República) la versión criolla del Casa de Las Américas. Mas si yo fuera un novelista, un buen novelista, y estuviera en esa lista de participantes (bueno en mi caso sería con una bobela, nunca una novela), no pensaría mucho en retirarla. Por varias razones.
Tomado de: Los juristas del horror (2006), de Ingo Müller [1987] Caracas, Editoial Actum. Traducción del alemán por Carlos Armando Figueredo. pp. 89-107..
Los profesores de derecho desempeñaron un papel importante en el declive del derecho durante el Tercer Reich. Brindaron un ropaje filosófico a los actos arbitrarios y los crímenes de los nazis, que sin ese disfraz se habrían reconocido claramente como actuaciones ilegítimas. Prácticamente no hubo desafuero alguno perpetrado por los nazis que no hubiese sido reconocido durante el régimen como “supremamente justo” y que no hubiese sido defendido después de la guerra por los mismos académicos, valiéndose de los mismos dudosos argumentos en cuanto a su “justificación” o incluso su “conveniencia” desde un punto de vista jurídico.
En vista de que, después de la guerra, los principales pensadores jurídicos o bien preservaron sus cátedras o las recuperaron rápidamente o, en otras palabras siguieron dictando sus cursos y, por cuanto la generación actual de profesores de derecho ha sido reclutada casi exclusivamente entre sus más probados estudiantes, es poca la investigación realizada acerca de la constitución de los juristas al terror nazi. Resulta casi imposible dejar de considerar suficientemente lo que significó esa contribución, ya que fue en los trabajos de esos académicos que los jueces hallaron las guías para sus sentencias y sus interpretaciones homicidas. La reiteración de esa conducta se hizo más frecuente en la medida en que el texto cada vez más vago de las disposiciones legales dejó de brindar el fundamento preciso de las decisiones.
Ya antes de 1933, los profesores de derecho con tendencia conservadora simpatizaban abiertamente con el movimiento nacionalsocialista. Así fue, por ejemplo, en 1930, cuando los miembros nazis del Reichstagpropusieron una indignante enmienda de la Ley para la Protección de la República con el fin de asimilar el hecho de no prestar servicio militar y el desarme, así como cualquier alegato en el sentido de que Alemania había sido responsable de la Guerra Mundial, a “traición militar”, previendo la pena de muerte para todos esos actos. Dicha propuesta, con la que se buscaba igualmente considerar como delitos capitales el “vilipendio de los héroes de guerra, vivos o muertos,” la “traición a la raza” y el “menosprecio de los símbolos nacionales” fue recibida con entusiasmo por varios notables juristas. Georg Dahm elogió la “valiente renuncia a las limitaciones de las tipificaciones” de lo que eran tales delitos. Por su parte, el Profesor Nagler opinó que por fin se había hallado una manera efectiva de luchar contra el “derrotismo de todo género”, añadiendo que, según él, la enmienda no era suficiente, sin embargo, y proponía la adopción de penas más severas en los casos de traición culposa igualmente, y también tal vez para el caso de “culpa en asistencia e incitación a traición.”
El 7 de abril de 1973, todos los profesores de derecho judíos y los pocos que no eran conservadores fueron despedidos de sus universidades bajo circunstancias humillantes. De un solo plumazo, 120 de los 378 juristas que venían impartiendo clases en escuelas de derecho alemanas en 1932 fueron despedidos -en otras palabras, un tercio del número total y la mayoría de ellos por motivos raciales. Sus cargos quedaron vacantes, a disposición de prometedores colegas de facultad sin cátedra pero con una “orientación nacionalista”. Entre ellos, el conde Wenzeslaus Gleispach, un experto penalista austríaco, muy estimado en Alemania, fue beneficiado con el cargo de profesor honorario en Berlín después de que se le impusieron medidas disciplinarias en Viena, en 1931 por agitación nacionalsocialista. Además, sólo en Prusia, en 1933, Hermann Bente, Georg Dahm, Ernst Forthoff, Heinrich Henkel, Heinrich Herrfarth, Fritz von Hippel, Ernst Rudolf Huber, Max Kaser, Karl Larenz, Siegfried Reicke, Paul Ritterbusch, Karl Siegert, Gustav Adolf Walz, Hans Julius Wolff y Hans Würdiger también fueron nombrados profesores. Casi todos ellos eran jóvenes y siguieron enseñando hasta finales de los años sesenta (Para 1939, prácticamente las dos terceras partes de los profesores en las escuelas de derecho habían sido nombrados en 1933 o después.) Algunos liberales diseminados que no habían sido despedidos después de la “restauración permanente de la administración pública” renunciaron a sus universidades y se retiraron a la “emigración interna”. Uno de los escasos documentos de valentía e integridad moral en esa época es la carta de Gerhard Anschütz, profesor de derecho público en Heidelberg, en la que solicitaba jubilación anticipada. Anschütz le escribió al ministro de cultura en el estado de Badén manifestándole que no podía unirse a unos intelectuales en su “solidaridad con el nuevo derecho penal alemán que estaba tomando cuerpo,” que requeriría entrenar a los estudiantes de derecho “según la intención y el espíritu del gobierno actual.”
La Asociación de Instituciones Alemanas de Educación Superior, que hablaba a nombre de los universidades, alabó el “surgimiento del nuevo Reichalemán”, calificándolo de “realización de sus anhelos y confirmación de las esperanzas apasionadas en las que se basaban.” Una vez que las facultades de derecho del país rompieron alegremente con sus colegas judíos y (social)demócratas, con inusitada audacia se dedicaron a echar por la borda los logros que fueron objeto de lucha y que se obtuvieron en Europa durante siglos de combate: Las exigencias de que la enseñanza del derecho fuese desinteresada, objetiva y autónoma. Los juristas académicos estaban más que dispuestos a regresar al papel de sirvientes que había caracterizado a la profesión en la Edad Media, así como aaceptar un sistema de valores que se les imponía desde afuera. En palabras de Bernhard Rust (ministro de Ciencia, Educación y Formación del Pueblo), “la ciencia ya no es posible sin un fundamento de valores.” Carl Schmitt lo concretó para la ciencia jurídica, de la siguiente manera: “La totalidad del derecho alemán hoy en día… debe regirse solo y exclusivamente por el espíritu del nacionalsocialismo…Cada interpretación debe ser una interpretación según el nacionalsocialismo”.
Entre las facultades de derecho, cuyos miembros eran ampliamente anti-republicanos, antidemocráticos y de actitud autoritaria se recibió favorablemente el espíritu contrario a la Ilustración del nuevo régimen Durante los primeros años del Tercer Reich, sólo los profesores recién nombrados, que debían su carrera a la política de personal de los nazis, sino también los profesores establecidos fueron marcadamente productivos en la tarea de ayudar a fundamentar el sistema jurídico nacionalsocialista.” Consideraban que era deber suyo lograr una “coordinación” jurídica intelectual de las instituciones jurídicas que ya habían sido coordinadas en otro nivel. En esta tarea, algunos de los profesores titulares más antiguos se esforzaron en mejorar las realizaciones de sus colegas más jóvenes para demostrar su fervor nacionalista. Wilhelm Sauer, por ejemplo, que había sido titulado profesor en 1919, publicó en el prestigioso Archiv fur Rechtsphlosophie, en 1939, un llamado a “elevar al Führer como una figura iluminada y un héroe que conduce al alma alemana fuera de las tinieblas hacia la luz, mostrándole el camino seguro hacia Valhalla, hacia Dios Padre en la verdadera nación alemana, brindando a sus propios hermanos un ejemplo de esa viga gótica, ofreciéndoles apoyo en su autoayuda, para que todos los alemanes puedan llegar a ser hermanos en Dios Padre.”
Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo.
César Vallejo
MANOA
No vi a Manoa, no hallé sus torres en el aire,
ningún indicio de sus piedras.
Seguí el cortejo de sombras ilusorias
que dibujan sus mapas.
Crucé el río de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.
Anduve absorto detrás del arco iris
que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba allí, quedaba a leguas de esos mundos,
-siempre más lejos.
Ya fatigado de buscarla me detengo,
¿qué me importa el hallazgo de sus torres?
Manoa no fue cantada como Troya
ni cayó en sitio
ni grabó sus paredes con hexámetros.
Manoa no es un lugar
sino un sentimiento.
A veces en un rostro, un paisaje, una calle
su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa
sin darnos cuenta.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien sueña puede divisarla, va en camino,
pero quien ama ya llegó, ya vive en ella.
Detalle de Santo Domingo y los albigenses, de Pedro Berruguete, en el que se muestra la quema de libros de los albigenses.
Libros a la basura
Martha Cotoret
Diario Tal Cual 03/03/2009
Los antiguos administradores de las bibliotecas del estado Miranda mandaron las obras de Gallegos y otros clásicos a la trituradora, por considerarlas caducas.
Seis mil tomos de obras de Rómulo Gallegos y otros autores fueron desechados y vendidos como pulpa de papel por “estar desactualizados”, denunció Miriam Hermoso, presidenta del Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información del estado Miranda (IABIM).
La denuncia se produce pocos días después que Doña Bárbara, la obra cumbre de Gallegos, cumpliera 80 años en febrero. No obstante, la novela, junto a otros títulos, terminaron en la trituradora pues “la antigua gerencia del IABIM desincorporó obras clásicas de la literatura por considerarlas caducas”, denunció la actual presidenta del IABIM. Irónicamente, el escritor será homenajeado este año por varias instituciones.
Trama de la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury
Fahrenheit 451: la temperatura a la que arde el papel.
Guy Montag es un bombero que no se dedica a apagar incendios. En la sociedad imaginada por la novela, de caracter distópico, los bomberos tienen la misión de quemar libros ya que, según su gobierno, leer impide ser felices porque llena de angustia; al leer, los hombres empiezan a ser diferentes cuando deben ser iguales, el cual es el objetivo del gobierno, que vela por que los ciudadanos sean felices para que así no cuestionen sus acciones y los ciudadanos rindan en sus labores. Al principio de la novela, el país de Montag esta al borde de la guerra.
Quiero comenzar estas líneas recordando tus remotos días de Els setze jutges, de tu encierro voluntario en Montserrat, junto a otros incondicionales, en protesta por el derecho a la vida, aun cuando los condenados a muerte fuesen de la ETA; de lo mucho que te costó renovar tu pasaporte en su momento, así como de los incidentes cuando tu viaje a Chile en medio del terror de la dictadura militar. Quisiera recordarte, aunque de pronto esté de más, lo que ha costado política, social y culturalmente a España y a la Catalunya de las cuatro barras, superar el duro infierno que se inicia el 18 de julio de 1936 y que culmina, por la gracia de Dios, el 20 de noviembre de 1975, manu militari de por medio. En esos remotos años, mozo e inocente yo, comencé a seguir paso a paso tu destino, que sentía urticariamente ligado a toda nuestra generación. Los amigos me recortaban tus entrevistas y tus fotos. Recuerdo unas declaraciones en Buenos Aires, deliciosas, en donde llamabas a Mercedes Sosa una niña del Opus Dei. Coño (me dije). Este tipo anda en una vaina.
Recién levantándome el sábado, mi madre me comunica la noticia. Los buenos muchachos mancillan la sinagoga de Maripérez.
Y esto es grave. Muy grave. Más que cualquier otra cosa que haya pasado hasta ahora. Es, como tanto le gusta decir a cierto discurso televisivo y dominguero, un salto cualitativo. Agredir la sinagoga en pleno Shabat, es recordarnos (a todos los venezolanos, incluyendo a la comunidad judía) nuestra condición de apartados y perseguidos.
Más allá del terrible lugar común referido al así comenzó Hitler, los pogromos y los guetos, desde hace rato hay venezolanos que ya somos judíos.
Recuerdo ahora aquella frase de Marina Tsvétaieva que tanto impactó a Paul Celan: en un mundo de cristianos, todo poeta es un judío. Heidegger auscultaba la metafísica en busca del Ser, mientras el Ser mismo se evaporaba en los aires de Auschwitz. En Venezuela, ahora, todo aquel que no confiese su complacencia o su alabanza, es un judío. Listas, cierres de canales de televisión, agresiones a espacios de la sociedad civil (iglesias, universidades, periodistas y estudiantes en las calles cotidianas). Hace rato, los gentiles estamos en nuestro gueto intangible, sin territorio. Nuestras sinagogas también han sido profanadas.
No es un viejo fantasma que recorre Europa, sino un mutante. Una nueva forma del antisemitismo se está colando en nuestra vida pública e, incluso, ha logrado una buena reputación. ¿De qué se trata? Y si fuera verdad, ¿cómo ha sido posible?
Tristes tiempos corrieron para el antisemitismo después de la Segunda Guerra Mundial. El Holocausto lo desacreditó tan despiadadamente que tuvo que replegarse durante varios decenios. Pero, como era de esperar, no desapareció. Los que, como servidor, habían vivido en carne propia el socialismo real, sabían que en la sombra prohibitiva del marxismo-leninismo sobrevivía todo tipo de racismo posible. El que más, el odio a los judíos.
En mi primer viaje a Occidente me enteré de que también en el Mundo Libre el antisemitismo seguía vivo y coleando. En París un bombero pluriempleado, con quien compartí el noble oficio de cargar muebles, me explicó que el mundo estaba dirigido por los judíos que, a la sazón, tenían su cuartel general en Moscú. Desde entonces me he seguido informado de otras fechorías hebraicas y de otras sedes de su conspiración global: Amsterdam, Varsovia y, naturalmente, Nueva York y Jerusalén.
Pero todo eso no era sino el viejo antisemitismo, temporalmente limitado al uso doméstico. Para que el odio más persistente de la historia volviese a ganar la plaza pública hacía falta volverse políticamente correcto. Era preciso encontrar una culpa universal para los hijos de Israel, algo en la línea de antes: asesinos de Jesús, usureros chupasangres, líderes del capitalismo y del anticapitalismo… Esta oportunidad la ofreció el Estado de Israel, cuya disputada creación, dicho sea de paso, fue apoyada por la progresía mundial y votada por los componentes del imperio soviético.
Pero las cosas se enredaron pronto. Los auténticos intereses geopolíticos de la URSS estaban en el lado árabe y el sionismo se convirtió en uno de los principales enemigos del campo de la paz. Se embrollaron las cosas, y mucho, también en Israel, pero no teman que trataré de aclarar este asunto en el restante folio y medio.
El caso es que Medio Oriente, con Israel como su epicentro, se ha vuelto en el punto neurálgico de la Tierra y, por consiguiente, en el centro de atención de la opinión pública internacional. Si las sucesivas guerras y amenazas a las que el Estado de Israel ha estado expuesto desde el mismísimo día de su creación no han logrado despertar un sentimiento pro árabe y anti israelí generalizado, sí lo ha hecho la lucha del pueblo palestino, sobre todo en su versión de Intifada. Según la opinión dominante en el mundo islámico y entre buena parte de la izquierda europea (en compañía de la extrema derecha), Israel es un Estado represor, que está cometiendo un genocidio.
Este radical diagnóstico ofrece la base ideológica y sentimental de dos nuevos tipos de antisemitismo: uno islámico, particularmente agresivo, y otro occidental, de origen izquierdista y liberal. El primero se traduce en actos violentos. El segundo de alguna manera los legitima.
Para un conocimiento sobre el antisemitismo islámico, recomiendo consultar la página web www.memri.org, que ofrece un archivo impresionante sobre las manifestaciones antisemitas en los medios islámicos, desde la invitación a exterminar a los judíos hasta la apología del nazismo. El fenómeno no se circunscribe a Medio Oriente. Desde septiembre de 2000, fecha de inicio de la Segunda Intifada, ha habido y un incremento espectacular de actos violentos contra instituciones y personas judías. La web www.tau.ac.il/Anti-Semitism informa debidamente a los interesados, quienes encontrarán abundante material también en La nueva judeofobia de Pierre-André Taguieff (Gedisa, 2003).
Desprovista de los grandes relatos, desorientada como nunca, parte de la izquierda occidental se ha volcado sobre la causa palestina con el mismo maniqueísmo combativo como lo hizo en su día en relación con la Unión Soviética, la revolución cubana y otros despropósitos históricos. Hasta aquí la historia de siempre, pues. La novedad es que esa defensa indiscriminada e incondicional de los palestinos empieza a incluir elementos específicamente antisemitas.
Fíjense no más en esas caricaturas aparecidas en diarios españoles ideológicamente muy diversos sobre el conflicto palestino-israelí, de las que ofrecemos una muestra en el presente número. En casi todas, la figura del israelí es representada como el judío de la propaganda nazi: un tipo siniestro y encorvado con una enorme nariz ganchuda. En todas las viñetas se insiste en algún tipo de paralelismo con el genocidio, el nazismo, la svástica. El mensaje nada subliminal es el de Saramago: ahora los judíos son como sus antiguos verdugos. Comparar las atrocidades cometidas por Israel, en permanente estado de guerra, con la eliminación industrial de millones de seres humanos sin resistencia, es una falacia histórica que justifica el mismo trato con los israelíes que los nazis les dieron a los judíos. Utilizando viejos símbolos hebraicos, las viñetas borran la diferencia entre un gobierno concreto, los ciudadanos de Israel, el sionismo, los judíos e, incluso, a veces, los EEUU. He aquí la vieja conspiración judeomasónica: los todopoderosos judíos son culpables de todo, inclusive de los atentados contra ellos mismos.
Naturalmente, nuestros dibujantes estarían indignadísimos si supieran que les acuso de fomentar el odio racial. Éste es precisamente el signo distintivo del antisemitismo posmoderno: no se reconoce como tal. Hasta ahora todos los antisemitas de la Historia estaban encantados de serlo. Nuestras bellas almas no lo saben o, al menos, no lo confiesan.
Extender la descalificación de un gobierno de Israel a todos los isrelíes y, a su vez, a los judíos en general es tan atroz y racista como tachar a los musulmanes en bloc de fundamentalistas o terroristas. Lamentablemente, esto último también ocurre, pero sobre todo a nivel popular y, por el momento, no está bien visto. En el otro lado, en cambio, el trato maniqueo y perjudicial se ha vuelto tan normal que uno ya ni se da cuenta. Yo mismo he visto varias de esas caricaturas sin haberme alarmado.
Hace pocos días, media Barcelona estaba empapelada con unas octavillas firmadas por una tal Entesa Islam-Catalunya y la Plataforma Joves per Palestina, declarando que “El sionismo derrumbó a Europa en 200 años”, “El sionismo planificó la estructura Económica y política de Europa”, “El Sionismo controla la ONU y el FMI”, “El Sionismo pretende ahora acabar con el Islam y el Mundo Árabe”, “El Sionismo controla el proceso de la Globalización Mundial”. O sea, puro Mein Kampf. Pero como también exigían una “Palestina libre”, su mensaje pasa, incluso despierta adhesiones, tal como podemos constatar en todas las manifestaciones por la paz y la libertad.
Empezando con la instauración del monoteísmo, los judíos han dejado su impronta varias veces en la historia universal, aunque sea mediante sus disidentes, como Jesús o Marx, o su martirio, como en el caso del Holocausto. Tiendo a pensar que también el conflicto que están padeciendo ambos bandos en tierras bíblicas tiene esa trascendencia universal. Y no sólo por cuestiones geopolíticas. En una época de dramáticas migraciones y dificultosas integraciones, de desigualdades crecientes entre los países, de conflictos religiosos y étnicos, de economías y violencias globalizadas, Occidente está ante portem (o, incluso, algo más adentro) de los mismos problemas que en Israel están ya en una mortal colisión. Este conflicto difícilmente se resolverá sin asistencia internacional, y el enfoque que se le dará será lo que en gran medida determinará cómo Occidente podrá abordar los mismos desafíos en su propia casa.
El antisemitismo políticamente correcto que se ha colado en nuestra vida pública contribuye generosamente a que las cosas vayan peor para todos, así en la Tierra Santa, como en la nuestra profana. En este sentido, entonces, el nuevo antisemitismo es exactamente como el viejo.
Receta para un buen filtro de amor socialista (acerca del gas del bueno)
El Zyklon B era la marca registrada de un insecticida a base de cianuro que se usó en la Alemania nazi durante el Holocausto, para asesinar a miles de personas (supuestamente, ya que actualmente investigaciones de diversas fuentes han encontrado que las remanentes concentraciones de Zyklon B en las “cámaras de gas” nazis son mínimas, por lo cual muchos sostienen que este producto no pudo ser el culpable de las ejecuciones en masa). También conocido como Cyclon B, consistía en ácido cianhídrico (ácido prúsico), además de un estabilizador y un odorante de advertencia. Con este se impregnaban pequeñas bolas absorbentes, discos de fibra, o tierra de diatomeas. Se almacenaba en envases herméticos; al contacto con el aire, producía cianuro de hidrógeno gaseoso (HCN). El Zyklon B todavía se produce en la República Checa bajo la marca registrada Uragan D2 para exterminar insectos y roedores.
Pedimos a todas las personas e instituciones defensoras de los derechos civiles en el mundo que contribuyan, y llamamos al gobierno cubano a:
- Liberar a los presos políticos en Cuba.
- Levantar las prohibiciones que impiden a los cubanos entrar y salir de su país.
- Levantar las prohibiciones de acceso a internet para los cubanos.
Una movilización general en Internet ha sido convocada por varios blogs y webs cubanos con el objetivo de concientizar a la opinión pública internacional sobre la realidad cubana, y presionar al régimen de La Habana.Este blog se suma a la iniciativa.