Uno de los capítulos más delirantes que he visto de Pinky y Cerebro, fue aquel donde a Cerebro se le ocurre, en su deliciosa locura de conquistar al mundo, crear con papel maché uno paralelo al planeta Tierra. Le pidió a Pinky que se suscribiera a todos los diarios del mundo. Con los periódicos y cola blanca, construyó ese nuevo planeta. Luego le creo ciudades, mares, monumentos, glaciales, selvas, ríos, peces, montañas, pájaros, elefantes, murciélagos y demás bestias de superficie. Para convencer a los habitantes del planeta real a que se pasasen al irreal, Cerebro obsequia t-shirt a todos. En cuestión de horas, se quedó solo, junto a Pinky, en esta solitaria Tierra real, mientras la de mentira era poblada por la humanidad. Entonces exclamó: Al fin, Pinky, un mundo sin reyes, sin presidentes, sin burocracia, sin automóviles… un mundo sin Quentin Tarantino. Seremos en verdad felices.

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Etiquetas: basura cotidiana
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