Archivo de 7 junio 2007

Los estudiantes que han protagonizado y liderado las marchas en las últimas dos semanas en toda Venezuela reclamando sus derechos civiles, fueron invitados a ejercer un derecho de palabra en la Asamblea Nacional (llamémosla así por ahora). Luego de leer un documento, abandonaron el recinto. Todo el mundo los vio salir del circo que les quisieron montar.

Pareciera más bien que son los cristianos quienes ahora se devoran a los leones. Los otros se quedan allí, hablando solos, dando la peor muestra que tienen para asumir que en Venezuela hay libertad de expresión. Uno no sabe quién es el público y quién los oradores. ¿Qué libertad de expresión es ésa, cuando habla solamente uno o, a lo sumo, una decena que dice exactamente lo mismo que dice el UNO?

Es brutal lo que ha pasado hoy en el Palacio Legislativo (prefiero llamarlo por su nombre arquitectónico). Ante las barras de los estudiantes que apoyan al proceso kafkiano, todos los diputados representantes del oficialismo, ante el discurso de entrada de Cilia Flores… los estudiantes fueron a lo que fueron, a cumplir el objetivo propuesto: ejercer su derecho de palabra, no a hacerles el juego político de discutir contra una mayoría que evidentemente el oficialismo no tiene en las universidades.

Se quedan solos, hablando y diciendo que los otros se autoexcluyen, que no ejercieron su derecho. Es patético. El mensaje en el fondo es simple: los derechos no se negocian, se ejercen. Y se ejercen como uno quiere, no en las condiciones que los demás me imponen. Y ése es el significado de haberse quitado las camsetas rojas.

Me recuerda un chiste muy viejo.

En Estados Unidos, durante la segregación, condenan a un negro a morir por haberle robado la cartera a una mujer blanca. Le ponen a escoger entre la horca y una pelea con leones. El negro, amoscado, decide por lo último, pensando que tiene una oportunidad. Lo llevan a un ruedo y lo entierran, dejando sólo la cabeza afuera y le echan unos cuantos leones. El negro, no teniendo cómo defenderse, le dio una mordida a un león que pasa cerca. Entonces un blanco desde las gradas, le grita “pelea limpio negro coño de madre”.

Nuestro amigo Franz Kafka tiene razón: Uno de los medios más eficaces de seducción que tiene el mal, es la invitación a la lucha.

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Maurits Cornelis Escher. Relatividad.

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