
El lugar común no es sólo un problema de la literatura. También lo es del habla cotidiana, donde es una muestra de la lexicalización de los vocablos, entendida como el proceso de circulación de palabras y giros que lentamente pierden su aura semántica.
El vocablo mareo procede del vaivén del mar, de dónde la sensación de malestar y náuseas que provoca ese movimiento. De allí pasó a convertirse en el verbo marear, que termina significando el acto de sentir la misma sensación pero en tierra firme. Algo similar ocurre con los lugares comunes, pues debido a esa lexicalización, pasaron a perder su aura semántica original. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando decimos que algo es kafkiano; o cuando pasamos a definir al país como un Macondo. Ya la fuerza significativa se ha perdido por el uso. Vivimos todo el día repitiendo lugares comunes, muchos de ellos aún con su fuerza representativa, otras no. El habla cotidiana los usa sin distingos con la única intención de comunicarnos con facilidad.
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Etiquetas: ensayo personal
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