
Al principio, este texto quiso ser una reflexión acerca de las prácticas lingüísticas del español desde ambos lados del Atlántico, como expresión particular de esa forma de exilio que vivimos en nuestro continente desde donde los europeos, tal y como dice Neruda, se llevaron el oro y nos dejaron el oro… se llevaron todo y nos dejaron todo… nos dejaron las palabras.Terminó siendo un extenso monólogo sobre esos asuntos así como la expresión de algunas consideraciones acerca del eufemismo como forma de dominación política y cultural que derivaron, Dios sabrá cómo y por qué, con una meditación acerca del oficio de los poetas en estos tiempos que tanto se parecen a una película de Federico Fellini con guión de Kafka y música de Enrique Santos Discépolo. Dios tiene sus misterios. Es trabajo del hombre descifrarlos.
Creo que fue Bernard Shaw quien declaró en una oportunidad que Inglaterra y Estados Unidos eran dos países separados por un idioma común. Lo que decía en el fondo era que esos países estaban alejados por sus maneras de ver el mundo, como consecuencia de sus respectivas costumbres idiomáticas que, aun teniendo la misma raíz, se había diversificado gracias a la historia colectiva de cada nación. El español (o castellano, depende de cuál lado del charco nos encontremos) no escapa de esa dinámica. La historia de nuestra cultura y, por supuesto, de nuestra la literatura americana es la búsqueda de respuestas a una cíclica pregunta: ¿cómo nombramos nuestra realidad con una lengua de origen europeo?
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Etiquetas: ensayo personal







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