
La cadena de ayer es una muestra más que evidente acerca de lo que le interesa el país a Chávez. Realmente patético, surrealista y kafkiano, para decir algo original. Mientras caía la lluvia sobre gran parte del país, se caían cerros y Caracas se convertía en un gran estacionamiento, al pobre hombre sólo se le ocurre hacer un pase a Falcón para que todos viésemos una maqueta de cartón de una futura fábrica ¡de bombillos!
Ya se sabe de las posibilidades idiomáticas del español. Si no existiera el tiempo futuro en la conjugación de nuestros verbos, Chávez tendría serios problemas para hablar: haremos, construiremos, elaboraremos, iniciaremos, inuguraremos. Lo que realmente indigna es que existan personas que aún le cree.
Mientras el país se derrumba, Chávez continúa con su sueño, que para nosotros ya es una pesadilla. Todo este bochornoso incidente me recordó los sucesos del 11 de abril y la tragedia de Vargas. Una condecoración, una fábrica de bombillos, el cuento de la invulnerabilidad de Venezuela en medio de esta crisis que, entre otras cosas, también es responsabilidad de los precios del petróleo (por cierto, ¿por qué Chávez y sus seguidores no hablan ahora de sus gestiones para subir los precios?), mientras Venezuela se hunde bajo las aguas. El Guaire, donde Chávez y Aristóbulo irían a bañarse en estos días, según la promesa, le recuerda al gobierno (que en Venezuela es una manera de desfinir el caos) su ineficiencia y su corrupción.
¿Dónde estaban el presidente, el alcalde mayor, el de Sucre, el de Libertador, mientras la gente se ahogaba o era asaltada en la Autopista del Este?
Como dicen las foquitas: así, así, así es que se gobierna….
Es realmente patético y muestra (¿hay alguna duda?) el charol de las entrañas de quien dice ser el presidente de todos los venezolanos.
Y hay gente que aún duda en ir a votar el domingo…

Etiquetas: basura cotidiana
Comentarios desactivados







Entradas (RSS)