Archivo de Abril 2009
hoy se cumplen sesenta y cuatro años del suicidio de adolfito hitler, el muchacho de braunau. una versión de la locura absoluta puede leerse en este documento, conocido como su testamento político, dictado horas antes en el bunker de berlín, con las tropas rusas a ocho cuadras. años antes, en sus días de gloria, solía cantarle a su mayordomo en el castillo de berchtesgaden (bavaria), quién le teme al lobo feroz, haciendo un juego de palabras con la etimología de su nombre, que en antiguo alemán quiere decir lobo noble.
Testamento político
Más de treinta años han pasado desde que en 1914 hice mi modesta contribución como voluntario en la Primera Guerra Mundial a la que fue forzado el Reich.
En esas tres décadas he actuado, únicamente por amor y lealtad a mi pueblo en todos mis pensamientos, actos y vida. Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles que mortal alguno nunca confrontó. En ello he empleado mi vida, mi esfuerzo en el trabajo y mi salud, durante estas tres décadas.
No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí.
Tampoco he deseado nunca, que después de la fatal primera guerra mundial, una segunda contra Inglaterra, o aún sobre Estados Unidos, fuera desatada. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos, resurgirá el odio contra aquellos finalmente responsables -a quienes todos debemos agradecer todo lo sucedido- el Judaísmo Internacional y sus secuaces.
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Cuando se supo que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quería reunirse con Andrea Bocelli, cualquiera pudo suponer que el mandatario quería escuchar al cantante. Lo que nadie se imaginó es que el líder quería que Bocelli lo escuchara a él. Y eso fue precisamente lo que ocurrió ayer en la tarde en el Palacio de Miraflores: en el encuentro que sostuvieron en el despacho presidencial, el primer mandatario le cantó Venezuela y Traigo polvo del camino al reconocido tenor italiano.
Una reunión en la que estuvo presente el cuatrista Williams Viña Pino, quien le contó al tenor la historia del cuatro y cómo se convirtió en instrumento tradicional venezolano, además de tocar varios joropos.
Tomado de El Universal, 26 de abril, 2009. Arte y Espectáculos, p. 3.
PD: lo bueno de la reunión, fue su productividad: uno que no ve, y el otro que no escucha...
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El presidente de la hermana república de Feudalia, mariscal Manuel Anzábal, toma el juramento de práctica a nuevos ministros, en una ceremonia que se lleva a cabo en el Circo Estatal capitalino.
Juran los nuevos ministros:
De salud pública, general Roberto Frelloni.
De agricultura, contralmirante Esteban Rómulo Capdeville.
De vías navegables, brigadier Jorge McLennon.
Y de educación y cultura, cabo primero Anastasio López…
Les Luthiers: Los noticiarios cinematográficos.
Comparto con el resto del universo el criterio de que los premios no son garantía de calidad o buenos consejeros para algo. Quiero decir que mi guía de lecturas no pasa por premios, así como mi catálogo de películas no pasa por el Óscar. Que un colectivo escoja lo mejor de una lista, sobre todo, cuando las obras ya son conocidas, es tanto como rizar el rizo. Y más aún cuando dicha selección se hace en nombre de quienes no tienen el gusto de conocer, es decir, de esa masa anónima que se llama el público. Sin embargo, y esto no está de más recordarlo para los párrafos que siguen, resultan buenos mecanismos de promoción y merchandising de la obra. Acá, el ego capitalista (hay que usar la neolengua) juega un papel importante. Muy importante. En el caso de la literatura, la ordenación de lo que Pierre Bourdieu llama pomposamente el campo literario (el circuito editorial, la crítica, la academia y los premios) conforma el territorio de tensiones en donde entra y debe desplazarse la obra. Ese comercio entre obra y público es lo que, en fin de cuentas, permite el conocimiento y, más aún, el reconocimiento. Por los intersticios de esas rendijas, se cuela el ego del escritor, considerado acá ya no como simple ciudadano, sino como artista. Pero, como la literatura no es platónica, necesita ejercer su dominio en un espacio y tiempo determinado. Es lo que el mismo Bourdieu llama el campo de Poder. Sobre este último punto regresaré más adelante. Baste con adelantar que la edición de un premio de reconocimiento no se da en el aire literario, si no en un país real. Quiero decir que el problema no es exclusivamente literario, lamentablemente.
Toda esta perorata tiene qué ver con la próxima edición del Premio Internacional de Novela “Rómulo Gallegos”, cercado como está por elementos contradictorios, justo en este año. Y voy al grano. Hay cosas que no entiendo de los novelistas venezolanos, sobre todo de aquellos que han hecho visible oposición al actual gobierno revolucionario, socialista y bolivariano (hay que usar la neolengua). Los que creen en el socialismo como en una lámpara de inagotable aceite (la frase es de Jaime Sabines), lo tienen claro y pueden reposar tranquilamente sus muy dignas cabecitas en la almohada. Para ellos, es muy simple: ansían obtener para sus dilatados curricula (gestados con mucho tesón desde lo que la neolengua designa como la Cuarta República) la versión criolla del Casa de Las Américas. Mas si yo fuera un novelista, un buen novelista, y estuviera en esa lista de participantes (bueno en mi caso sería con una bobela, nunca una novela), no pensaría mucho en retirarla. Por varias razones.
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La doctrina judicial nazi
Tomado de: Los juristas del horror (2006), de Ingo Müller [1987] Caracas, Editoial Actum. Traducción del alemán por Carlos Armando Figueredo. pp. 89-107..
Los profesores de derecho desempeñaron un papel importante en el declive del derecho durante el Tercer Reich. Brindaron un ropaje filosófico a los actos arbitrarios y los crímenes de los nazis, que sin ese disfraz se habrían reconocido claramente como actuaciones ilegítimas. Prácticamente no hubo desafuero alguno perpetrado por los nazis que no hubiese sido reconocido durante el régimen como “supremamente justo” y que no hubiese sido defendido después de la guerra por los mismos académicos, valiéndose de los mismos dudosos argumentos en cuanto a su “justificación” o incluso su “conveniencia” desde un punto de vista jurídico.
En vista de que, después de la guerra, los principales pensadores jurídicos o bien preservaron sus cátedras o las recuperaron rápidamente o, en otras palabras siguieron dictando sus cursos y, por cuanto la generación actual de profesores de derecho ha sido reclutada casi exclusivamente entre sus más probados estudiantes, es poca la investigación realizada acerca de la constitución de los juristas al terror nazi. Resulta casi imposible dejar de considerar suficientemente lo que significó esa contribución, ya que fue en los trabajos de esos académicos que los jueces hallaron las guías para sus sentencias y sus interpretaciones homicidas. La reiteración de esa conducta se hizo más frecuente en la medida en que el texto cada vez más vago de las disposiciones legales dejó de brindar el fundamento preciso de las decisiones.
Ya antes de 1933, los profesores de derecho con tendencia conservadora simpatizaban abiertamente con el movimiento nacionalsocialista. Así fue, por ejemplo, en 1930, cuando los miembros nazis del Reichstag propusieron una indignante enmienda de la Ley para la Protección de la República con el fin de asimilar el hecho de no prestar servicio militar y el desarme, así como cualquier alegato en el sentido de que Alemania había sido responsable de la Guerra Mundial, a “traición militar”, previendo la pena de muerte para todos esos actos. Dicha propuesta, con la que se buscaba igualmente considerar como delitos capitales el “vilipendio de los héroes de guerra, vivos o muertos,” la “traición a la raza” y el “menosprecio de los símbolos nacionales” fue recibida con entusiasmo por varios notables juristas. Georg Dahm elogió la “valiente renuncia a las limitaciones de las tipificaciones” de lo que eran tales delitos. Por su parte, el Profesor Nagler opinó que por fin se había hallado una manera efectiva de luchar contra el “derrotismo de todo género”, añadiendo que, según él, la enmienda no era suficiente, sin embargo, y proponía la adopción de penas más severas en los casos de traición culposa igualmente, y también tal vez para el caso de “culpa en asistencia e incitación a traición.”
El 7 de abril de 1973, todos los profesores de derecho judíos y los pocos que no eran conservadores fueron despedidos de sus universidades bajo circunstancias humillantes. De un solo plumazo, 120 de los 378 juristas que venían impartiendo clases en escuelas de derecho alemanas en 1932 fueron despedidos -en otras palabras, un tercio del número total y la mayoría de ellos por motivos raciales. Sus cargos quedaron vacantes, a disposición de prometedores colegas de facultad sin cátedra pero con una “orientación nacionalista”. Entre ellos, el conde Wenzeslaus Gleispach, un experto penalista austríaco, muy estimado en Alemania, fue beneficiado con el cargo de profesor honorario en Berlín después de que se le impusieron medidas disciplinarias en Viena, en 1931 por agitación nacionalsocialista. Además, sólo en Prusia, en 1933, Hermann Bente, Georg Dahm, Ernst Forthoff, Heinrich Henkel, Heinrich Herrfarth, Fritz von Hippel, Ernst Rudolf Huber, Max Kaser, Karl Larenz, Siegfried Reicke, Paul Ritterbusch, Karl Siegert, Gustav Adolf Walz, Hans Julius Wolff y Hans Würdiger también fueron nombrados profesores. Casi todos ellos eran jóvenes y siguieron enseñando hasta finales de los años sesenta (Para 1939, prácticamente las dos terceras partes de los profesores en las escuelas de derecho habían sido nombrados en 1933 o después.) Algunos liberales diseminados que no habían sido despedidos después de la “restauración permanente de la administración pública” renunciaron a sus universidades y se retiraron a la “emigración interna”. Uno de los escasos documentos de valentía e integridad moral en esa época es la carta de Gerhard Anschütz, profesor de derecho público en Heidelberg, en la que solicitaba jubilación anticipada. Anschütz le escribió al ministro de cultura en el estado de Badén manifestándole que no podía unirse a unos intelectuales en su “solidaridad con el nuevo derecho penal alemán que estaba tomando cuerpo,” que requeriría entrenar a los estudiantes de derecho “según la intención y el espíritu del gobierno actual.”
La Asociación de Instituciones Alemanas de Educación Superior, que hablaba a nombre de los universidades, alabó el “surgimiento del nuevo Reich alemán”, calificándolo de “realización de sus anhelos y confirmación de las esperanzas apasionadas en las que se basaban.” Una vez que las facultades de derecho del país rompieron alegremente con sus colegas judíos y (social)demócratas, con inusitada audacia se dedicaron a echar por la borda los logros que fueron objeto de lucha y que se obtuvieron en Europa durante siglos de combate: Las exigencias de que la enseñanza del derecho fuese desinteresada, objetiva y autónoma. Los juristas académicos estaban más que dispuestos a regresar al papel de sirvientes que había caracterizado a la profesión en la Edad Media, así como a aceptar un sistema de valores que se les imponía desde afuera. En palabras de Bernhard Rust (ministro de Ciencia, Educación y Formación del Pueblo), “la ciencia ya no es posible sin un fundamento de valores.” Carl Schmitt lo concretó para la ciencia jurídica, de la siguiente manera: “La totalidad del derecho alemán hoy en día… debe regirse solo y exclusivamente por el espíritu del nacionalsocialismo…Cada interpretación debe ser una interpretación según el nacionalsocialismo”.
Entre las facultades de derecho, cuyos miembros eran ampliamente anti-republicanos, antidemocráticos y de actitud autoritaria se recibió favorablemente el espíritu contrario a la Ilustración del nuevo régimen Durante los primeros años del Tercer Reich, sólo los profesores recién nombrados, que debían su carrera a la política de personal de los nazis, sino también los profesores establecidos fueron marcadamente productivos en la tarea de ayudar a fundamentar el sistema jurídico nacionalsocialista.” Consideraban que era deber suyo lograr una “coordinación” jurídica intelectual de las instituciones jurídicas que ya habían sido coordinadas en otro nivel. En esta tarea, algunos de los profesores titulares más antiguos se esforzaron en mejorar las realizaciones de sus colegas más jóvenes para demostrar su fervor nacionalista. Wilhelm Sauer, por ejemplo, que había sido titulado profesor en 1919, publicó en el prestigioso Archiv fur Rechtsphlosophie, en 1939, un llamado a “elevar al Führer como una figura iluminada y un héroe que conduce al alma alemana fuera de las tinieblas hacia la luz, mostrándole el camino seguro hacia Valhalla, hacia Dios Padre en la verdadera nación alemana, brindando a sus propios hermanos un ejemplo de esa viga gótica, ofreciéndoles apoyo en su autoayuda, para que todos los alemanes puedan llegar a ser hermanos en Dios Padre.”
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