Archivo de Julio 2009

Mi abuela decia:
- Habría que acabar con los uniformes que le dan autoridad a cualquiera ¿Que es un general desnudo?

Y tenía razón. Y tenía derecho a hablar de esto, porque estuvo casada con un coronel que era realmente un hombre valiente.
Solamente le tenia miedo a los pendejos.

Un día le pregunté por qué y me dijo:

- Porque son muchos.  No hay forma de cubrir semejante frente. ¡Y por temprano que te levantes, adonde vayas, ya está lleno de pendejos! Y son peligrosos porque, al ser mayoría, eligen hasta al presidente.

Y los hay de toda categoría.

Por ejemplo, está el pendejo informático, que es un pendejo computado.
El pendejo burócrata, que es oficialmente pendejo.
El pendejo optimista, que cree que no es pendejo.
El pendejo pesimista, que cree que él es el único pendejo.
El pendejo esférico, que es pendejo por todos lados.
El pendejo fosforescente, porque hasta de noche se ve que por allá viene un pendejo.

El pendejo de referencia:
-¿Dónde está Alberto?
- Allá, al lado del pendejo de la chaqueta gris.

El pendejo consciente, que sabe que es pendejo.
El pendejo de sangre azul, que es hijo y nieto de pendejos.
Y el más peligroso de todos: el pendejo demagogo, que cree que el pueblo es pendejo…

zelaya

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embudo

Definición de germanófilo
Jorge Luis Borges. Revista «El Hogar». 13 de diciembre, 1940.

Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Shopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor «germanófilo» apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

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