Archivos de agosto, 2009
Paradigmas del Totalitarismo: Nacionalsocialismo y Comunismo
por harry almela® en ago.30, 2009, archivado en basurero

Friedrich Welsch[*]
¿Amenaza totalitaria hoy?
En marzo de 2006, en el contexto de las reacciones a la publicación de caricaturas del Profeta Mahoma por un periódico regional danés, una docena de intelectuales, entre ellos el escritor británico-hindú Salman Rushdie y el filósofo francés Bernard-Henri Levy, firmaron una declaración titulada Juntos contra el nuevo totalitarismo, que se publicó en el semanario satírico francés “Charlie Hebdo” y se conoce como “Manifiesto de los doce”. El manifiesto comienza diciendo:
Vencidos el fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo enfrenta una nueva amenaza totalitaria a escala global, a saber, el islamismo. Nosotros, escritores, periodistas e intelectuales, hacemos un llamado a la resistencia contra el totalitarismo religioso y por la promoción de la libertad, igualdad de oportunidades y el laicismo. … Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre del miedo y la frustración, sentimientos a los que apuestan los predicadores del odio para lograr que sus batallones impongan un mundo negador de la libertad e igualdad. Pero nosotros insistimos con claridad en que nada, ni siquiera la desesperación, justifica el embrutecimiento de las masas, el totalitarismo y el odio.
Este manifiesto invita a hacer algunas reflexiones (v. Misk, 2006):
- El término “totalitarismo” no debería ser devaluado a etiqueta de lucha política, como ocurre en la cita anterior, sino reservarse como categoría analítica del estudio de los regímenes políticos. En su clásica obra Los orígenes del totalitarismo, Hannah Arendt sostiene la misma posición aconsejando el uso cuidadoso y prudente del concepto pues Si es cierto que en las fases culminantes del totalitarismo aparece el mal absoluto -absoluto porque ya no puede ser derivado de motivaciones humanamente comprensibles- entonces también es cierto que sin él no habríamos conocido nunca la naturaleza auténticamente radical del Mal. (Arendt, 1951: xxvii, trad. F.W.). Espero contribuir al uso cuidadoso y prudente del concepto del totalitarismo con estas reflexiones.
- Los doce escritores e intelectuales firmantes primarios del manifiesto -muchos más se han sumado desde su publicación- tienden a diluir la diferencia entre régimen totalitario y movimiento totalitario que establece Hannah Arendt (1951: 432, trad. F.W.): Ni el nacionalsocialismo ni el bolchevismo jamás proclamaron una forma de gobierno ni afirmaron que con la captura del poder y el control de la maquinaria del Estado habían alcanzado sus metas… La captura del poder… en cualquier país es sólo una fase transitoria… simplemente no existe ninguna meta política que constituiría el fin del movimiento. Identificar genéricamente al islamismo como régimen totalitario no es aceptable porque no todos los gobernantes islamistas sujetan a sus respectivas sociedades a la dominación total característica del totalitarismo. Pero las manifestaciones más radicales, fundamentalistas y dogmáticas del islamismo comparten con los movimientos totalitarios del siglo pasado su odio contra el modernismo liberal y los valores occidentales en general, sus inclinaciones terroristas, su antisemitismo, su culto de la muerte y su teleología de un Apocalipsis purificador que engendraría al hombre y mundo nuevos (Bennan, 2004).
- Hannah Arendt identifica la ideología y el terror nazi como esencia del totalitarismo: Las ideologías son opiniones inocuas, acríticas y arbitrarias sólo mientras no se cree seriamente en ellas. Una vez que su reclamo di validez total es aceptado en forma literal, se convierten en núcleos de sistemas lógicos en los que. al igual que en los sistemas de paranoicos, todo se sigue de manera comprensible e incluso compulsiva cuando se haya aceptado su primera premisa. La locura de estos sistemas no radica solamente en su primera premisa, sino en la misma lógica con que están construidos. La curiosa lógica de todos los ismos, su simplista confianza en el valor salvador de la devoción obstinada sin tener en cuenta factores específicos y variables, ya contiene los gérmenes del desdén totalitario por la realidad y facticidad. (1951:589s., trad. F.W.). Forma parte de la naturaleza de políticas ideológicas -y no se trata simplemente de un engaño en función del interés propio o afán de poder- que el contenido real de la ideología (la clase obrera o los pueblos germánicos que generó originalmente la “idea” (la lucha de clases como ley de la historia o la lucha de razas como ley de la naturaleza) es devorada por la lógica con que la “idea” se pone en práctica. (1951:608s., trad. F.W.). El terror total, la esencia del gobierno totalitario, no existe ni a favor ni en contra de la gente. Se supone que provee a las fuerzas de la naturaleza o historia un instrumento incomparable para acelerar su movimiento. (1951: 600s., trad. F.W.).
la muerte de sócrates
por harry almela® en ago.02, 2009, archivado en ventana de emergencia
LA MUERTE DE SÓCRATES
Y llegó un día en que Cirene, el jardín y la perla de la Tierra, desapareció.
El derrumbe del mundo continúa sus cantos tristes de sirena desvalida y sin océanos. Apenas unos días atrás, cuando no quedó más remedio que atender los padecimientos de Sócrates, el coronel Aureliano Buendía dispuso llevárselo hasta la clínica, casi a la fuerza. Son cerca de las once de una de esas mañanas blancas, espesas y empalagosas, tan redundantes al comienzo del verano en estos tristes trópicos. El sol frío se detiene sobre la copa de los árboles, reclinados contra el cerro. Los araguaneyes y los bucares humedecen el piso con sus flores y un olor a jobo, a melaza y a tierra recién llovida estremece de sepias el paisaje. Años atrás, donde ahora el asfalto corona sus dominios, aún podían verse cacaotales que embrujaban con su arcoíris a los honrados paseantes de las orillas del Anauco. El príncipe ni se enteraba ya de esos detalles. Venía respirando con dificultad, aunque estuviese recostado cómodamente en el asiento del copiloto. El color de su piel era ceniciento, haciendo una grotesca combinación con el río de su abundante cabellera ya marchita y ajada por el tiempo. La amistad de Sócrates con el coronel sobrevivió a los malos tiempos. Se había forjado a la luz de las discusiones y los tragos donde lo importante no era Platón, si no la verdad. Buendía aprovecha para comentarle a Sócrates acerca de las andanzas de la hija de Platón, dedicada ahora a la mendicidad en las calles de esta nueva Varsovia en que se ha convertido el barrio, sobreviviendo al escarnio de los mercaderes y comerciantes. Como su padre gasta la mesada que le corresponde en el ejercicio de seducir a su amante, suele pedir limosnas entre barriles de basura y ramas de árboles caídas sobre las aceras, con las manos extendidas como un sauce. Luego de recoger las migajas que le arriman sus vecinos, ni siquiera se demora un instante para dar las gracias. Entonces lanza un manotazo al aire y se aleja en busca de refugio.







