Archivos de agosto 2nd, 2009
la muerte de sócrates
por harry almela® en ago.02, 2009, archivado en ventana de emergencia
LA MUERTE DE SÓCRATES
Y llegó un día en que Cirene, el jardín y la perla de la Tierra, desapareció.
El derrumbe del mundo continúa sus cantos tristes de sirena desvalida y sin océanos. Apenas unos días atrás, cuando no quedó más remedio que atender los padecimientos de Sócrates, el coronel Aureliano Buendía dispuso llevárselo hasta la clínica, casi a la fuerza. Son cerca de las once de una de esas mañanas blancas, espesas y empalagosas, tan redundantes al comienzo del verano en estos tristes trópicos. El sol frío se detiene sobre la copa de los árboles, reclinados contra el cerro. Los araguaneyes y los bucares humedecen el piso con sus flores y un olor a jobo, a melaza y a tierra recién llovida estremece de sepias el paisaje. Años atrás, donde ahora el asfalto corona sus dominios, aún podían verse cacaotales que embrujaban con su arcoíris a los honrados paseantes de las orillas del Anauco. El príncipe ni se enteraba ya de esos detalles. Venía respirando con dificultad, aunque estuviese recostado cómodamente en el asiento del copiloto. El color de su piel era ceniciento, haciendo una grotesca combinación con el río de su abundante cabellera ya marchita y ajada por el tiempo. La amistad de Sócrates con el coronel sobrevivió a los malos tiempos. Se había forjado a la luz de las discusiones y los tragos donde lo importante no era Platón, si no la verdad. Buendía aprovecha para comentarle a Sócrates acerca de las andanzas de la hija de Platón, dedicada ahora a la mendicidad en las calles de esta nueva Varsovia en que se ha convertido el barrio, sobreviviendo al escarnio de los mercaderes y comerciantes. Como su padre gasta la mesada que le corresponde en el ejercicio de seducir a su amante, suele pedir limosnas entre barriles de basura y ramas de árboles caídas sobre las aceras, con las manos extendidas como un sauce. Luego de recoger las migajas que le arriman sus vecinos, ni siquiera se demora un instante para dar las gracias. Entonces lanza un manotazo al aire y se aleja en busca de refugio.







