- Suecia, Litterae Tertii Millennii, 2002
Los setenta y siete poemas que conforman este segundo libro de Alfredo Herrera, están atravesados por el deseo de fundar una voz, de construir un espacio propio. Lo delatan el ansia de nombrar, la pasión por decirse a sí mismo y a quienes lo leen estoy aquí, la dura necesidad de existir en el mundo, la presencia solar del yo en muchos versos.
Tomando como punto de partida una frase de Gadamer (Uno no cesa de aspirar a la claridad, tanteando los nombres), Herrera camina al final de la tarde por varias estaciones de la contemplación, en busca de consolidarse su existencia contra el paisaje de fondo y ante la vida. Transeúnte constante de su interrogación, estos poemas escritos (en su mayoría) en tiempo presente, conducen al lector por la senda de la recreación de ese tiempo continuo, obligándole también a comportarse como el yo poético que los enuncia. De esta manera, la cita de Gadamer colabora en la construcción del sentido total del libro.
La tarde alcanzada, ganador del Concurso Internacional de Poesía para Escritores de Lengua Castellana, auspiciado por la editorial Heterogénesis de Suecia, continúa las marcas propuestas por cierta tradición sobre el paisaje citadino. Extranjero en un extraño territorio que delimitan los poemas, la voz transparente que busca su ubicación en el universo acude al poema breve, que no escueto, que se impone a la hora de recitar el tono de toda épica personal y laica. Ganada por la esperanza de ser reconocido en ese territorio, el extraño nombra sin cesar el espacio: el mar (Hoy vengo a decirte mar que no estás solo /que es humana la luz), la ciudad (Ciudad/ sé a qué vine/ porque vine a dejarte), la noche (y la noche llega con sus brazos y sus vueltas/ y yo sé lo del alma), la palabra misma (La tarde sin nombrarla no es posible), como único asidero ante tanta inmensidad.
Entonces, la tarde se vuelve también personaje, el único quizás que escucha con paciencia la voz que se declara. Esta tarde es limpia, con pocos adjetivos, los necesarios para hacerla personae y para saberla diferenciar de la noche por venir. En este punto del horizonte, entre la tarde en castellano y la sera italiana de la que habla Quasimodo, el transeúnte sabe convertir su convencimiento solitario y su deseo de marcar territorio en experiencia comunicable en espera de un lector.
Esa contención verbal, ese sonido exacto que sabe subrayar la experiencia del angustioso aislamiento interior, evidencia en este su segundo libro, la formación de una de las voces más seductoras de la nueva poesía venezolana.
Etiquetas: reseña poesía









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