debajodelviento.jpg
  • Caracas, Ediciones Libri Amici, 2005.

      Uno oye hablar de Costa Rica y sólo recuerda el nombre de Eunice Odio, aquella irreverente que huyó de su patria para refugiarse en cumbres menos borrascosas y que fue presentada a nuestros ojos de lector por el cálido y generoso gesto de Juan Liscano. Pero he aquí que una voz desconocida aparece ante los lectores venezolanos, de la mano ahora de Ediciones Libri Amici. Y decimos nuevo no por desconocer los libros anteriores de este autor, sino por el aroma de libro inicial y de inocencia que nos deja esta lectura.

      Sobreviviendo por largo trecho a una edición excesivamente barroca (presentación del autor y con foto en solapa, innecesarias notas en contraportada, un prólogo), este nuevo libro de Mata Guillé testimonia el nacimiento de una voz que se inaugura en el mundo de entre los trópicos, con sus avatares (el clima, los colores, el olor de la tierra, las antiguas y claras costumbres humanas, los pasillos de una casa), en fin, de una voz que busca su propio espacio en y contra el paisaje, Al mismo tiempo que relata esta aventura personal, el yo poético rememora (a su manera) la transfiguración salvaje de un valle de pueblos transparentes en un espacio donde no hay nada, //solo un vaho que estremece linderos y puertas, entretanto todo/ sigue oscuro mientras espero/ y espero. Navegando entre lo esencial y lo adjetivo (en muchos párrafos, con eficacia), el poemario muestra una voz en pleno crecimiento que aún espera por mayores seguridades. Dubitativo en la estructura, en el exceso de adjetivos, la esencialidad de un canto inaugural que nombra el mundo, sabe sobrevivir al llamado del canto fácil, dejándonos por ratos el aroma inocente que el libro desea dejar en sus lectores. Es un extenso monólogo circunscrito por otras voces que se despliegan en el texto, donde puede notarse la aplicación y las tesituras de Mata Guillé en el género de la dramaturgia. No debe ser sencillo asumir la modernidad en un país tan extraño como lo es Costa Rica, rodeado de verdes y volcanes, de mares azules y colores apacibles. En este libro, sin embargo, se ven sólidos trazos de esos intrincados senderos, por su intento de convertir el tiempo pasado (personal y colectivo) en palabra que sepa decir. Y en ese cruce de caminos y de tensiones entre su esencialidad sustantiva y sus distracciones adjetivas, está el mejor punto de reflexión para la continuidad de esta voz.

      Etiquetas:

      Los comentarios no están permitidos.

      FireStats icon Con la potencia de FireStats