- Caracas, Bid & Co Editores, 2005.
A su ya prolífica y particular bibliografía, Padrón agrega este libro singular, con el cual culmina un ciclo celebratorio sobre el tema amoroso ya desarrollado en Boulevard. Este amor tóxico es singular por varias razones. La primera, a juzgar por el título, asumir el riesgo de poetizar acerca de un tema difícil y uno de los que más tradición literaria tiene en el mundo, según lo afirma Rilke en sus conocidas cartas. Para darle una vuelta de tuerca al tema y agregar sus personales variantes musicales, Padrón asume el amor en este libro como torcedura, como fuente de revelación individual por vía de la reflexión ante lo que sojuzga.
Y he allí la diferencia con sus poemarios anteriores. No es desde la pareja, si no desde su destrucción que se escribe, con ironía, sobre la revelación que enceguece. En fin de cuentas se trata de poner en la escena pública del lector el final de la visión platónica del amor. Así lo confiesa plenamente en el poema que da título al libro (p, 26) y en el verso Mis antepasados no me hablaron de esta derrota, del poema Herencia (p. 54). Así está escrito, y con ironía, en los textos Poema del colesterol (p. 11), Estado de confusión (p. 18), Récipe (p. 40), Best seller (p. 72) y en ¿Quién me vende un Plagatox? (p. 73).
La segunda razón, que remacha el final de esa visión platónica que tradicionalmente acompaña al tema, es el telón de fondo donde se mueve el yo poético, el acercamiento a realidades más tangibles, donde transcurre la vida real: la ciudad de Caracas, los aeropuertos, las noticias de los diarios, los pequeños detalles de la vida cotidiana, el convulsionado país que padecemos. También cabe señalar que la experiencia literaria del autor en otros géneros le permite variar las presentaciones de cada uno de los textos: el diálogo con el ausente, la alegoría, las pautas para una cámara que se mueve inquieta entre los detalles como en un gran primer plano, la creación de personajes y situaciones que facilitan la fluidez necesaria para enamorar al lector, hasta dejarlo exhausto en la última página. Estos elementos, sumados a la gran parábola que describe el poemario en su conjunto, testimonian el oficio de una de las voces más sólidas de su generación.
Todos hemos vivido una gran pasión en la vida, un amor que tuerce, en su desmesura, los caminos hacia nosotros mismos. En esa noche oscura del alma, el Ser se reconoce a sí mismo como individuo, como algo definitivamente desprendido y único. Es en esta tradición ni celebratoria ni heroica del amor donde podemos ubicar este título. No es gratuita la escogencia del epígrafe de Alejandra Pizarnik: Caer como un animal herido/ en el lugar que iba a ser de revelaciones.
Etiquetas: reseña poesía









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