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  • Caracas, 2006.

A su modesta pero penetrante bibliografía que tanto mundo subterráneo nos ha enseñado a ver, el maestro [tag]Rafael López-Pedraza[/tag] suma este librito de tan solo noventa y cuatro páginas, donde de manera sobria e inteligente trabaja (desde los predios de la psicología arquetipal) dos personajes simbólicos de la cultura de Occidente. Desde esos complicados territorios, pero por vía de una prosa amena y didáctica, el autor construye un conjunto de reflexiones que sirven para colocar ante los ojos del lector las diversas características y patologías humanas de lo masculino y lo femenino, contribuyendo así al intento de comprender los ríos profundos que mueven la personalidad individual y colectiva.

El libro está planificado en dos partes. La primera, hace una relación de lo femenino a partir del mito de las diosas vírgenes. Acá, el autor nos introduce en el universo de las diversas imágenes cimentadas a partir de Hestia, Atenea, Perséfone y Artemisa. Lo interesante de la propuesta es la intención y el logro de mirar lo femenino alejado de la tradicional visión de su relación con lo masculino. No duda el autor en afirmar que la única gran revolución moderna ha sido el progresivo ascenso de lo femenino en el territorio de lo social. La segunda parte está dedicada a la tragedia Hipólito, de Eurípides, estudiando al personaje desde la perspectiva de hijo arquetipal de Artemisa, es decir, desde la visión de lo femenino. Como ya es costumbre en López-Pedraza (y esto es uno de sus aciertos), el texto en general no pretende conclusiones ni navegar en los meandros de la ayuda fácil, dejando al lector el trabajo de completar los sentidos para los cuales esté mejor preparado, según sea su dinámica profunda y su necesidad.
El otro acierto del libro consiste en volver a afirmar que cualquier tipo de depresión debe ser vivida en profundidad, sin falsos y cerebrales salvavidas. La cultura moderna, tan atravesada y esclavizada por la tiránica economía del tiempo, no permite a los sujetos profundizar en sus conflictos individuales y sociales. En ese sentido, el texto en general también elabora una crítica de las prácticas psiquiátricas como mecanismo de Poder, con la sola intención de convertirlas en paños calientes para el alma individual y colectiva. En diálogo permanente con lo genésico y profundo, el ser humano está llamado a confrontar sus dilemas huyendo de esos territorios, tratando de evitar cualquier racionalización pura que le impida confrontarse y liberarse de lo traumático, que allí está el riesgo y el camino: huir de cualquier trampa consolatoria. En la vida moderna (insiste López-Pedraza) no existe una cultura de la depresión. No hay una concepción de su significado psicológico para la salud… Hoy no hay tiempo para la depresión… El entrenamiento médico no proporciona la cultura requerida para evaluar la depresión o reflexionarla.

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