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  • Prólogo de Miguel Ángel Campos. Maracaibo, Universidad Cecilio Acosta, 2004.

Uno no puede menos que asombrarse cuando se descubre que la Editorial Sur de Buenos Aires, en 1967, publicó por primera vez en nuestra lengua unos ensayos de Walter Benjamin, cuya traducción se debe a éste Héctor Álvarez Murena, osado y olvidado escritor argentino (1923-1975), vinculado intelectual y espiritualmente con la llamada Escuela de Frankfurt y autor de una serie de ensayos sobre nuestro imaginario latinoamericano que anteceden (en tiempo y en profundidad) la muy reconocida y respetada obra de Ángel Rama.

Colocado su nombre junto a la tradición del ensayo culturalista latinoamericano (Henríquez Ureña, Picón Salas), lo que Murena intenta y propone lo convierte en planeta solitario de esa galaxia: hacer una lectura de nuestro continente a partir de las no muy lisas cumbres de la filosofía y particularmente de la metafísica. No contento con tal osadía, se propone también continuar el anhelo ya expresado en varios intelectuales de nuestro siglo XIX, a saber, la búsqueda de nuestra esencia y de nuestras raíces culturales, apartándose en la medida de lo posible del canon intelectual europeo.

Y eso es este libro. Una colección de ensayos que propone reiteradamente la presencia de lo genésico. Así por ejemplo, en el ensayo Los parricidas: Edgar Allan Poe, no duda en afirmar que el escritor norteamericano engendró a Baudelaire (igual cosa diría luego Borges). La hipótesis central que mueve a Murena es ésta: los latinoamericanos somos una humanidad expulsada de Europa. Sin patria, en una tierra feraz e indómita, sin nombres sagrados venidos de su propia entraña. Para trascender, para llegar a hacer historia, es menester cometer con el viejo continente un parricidio. Tal aventura debe ser diametral a la impulsada por la odisea norteamericana, que sólo ha llenado al mundo de una toxicidad producto de su vida en espera de la vida. No duda en reconocer los esfuerzos de José Hernández y de Rubén Darío, pero aún hace falta el empuje final de todos.

Escritos durante la posguerra y los años de la Guerra Fría, estos artículos toman distancia ante cualquier pensamiento único o de resolver nuestra aspiración como latinoamericanos por tener un sentido de la historia, regresando al pasado. Ya lo había dicho en La metáfora y lo sagrado, un célebre librito por el cual se le conoce mejor en el ámbito de la poesía. Refiriéndose a Babel, Murena afirma: La dispersión por la Tierra, la confusión de la lengua, tiene por fin indicar otra vez al hombre cuál es su naturaleza, cuál es su destino: la diversidad, el reino de las diferencias. El gesto de Yahvé libera al hombre de la locura del destino único, de la obsesión del regreso: le indica que el camino de retorno está para él sólo a través de la aceptación de la diversidad.

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