Farrruco y su rumba flamenca

Diario TAL CUAL, lunes 17 de marzo, 2008

tablao.jpg

1.-

¿Qué hay en un nombre? se pregunta Shakespeare en Romeo y Julieta (en el acto segundo, escena 2: amanecí pedante).

¿De qué está hecho el misterio “performativo” (como diría uno de esos autores posmodernos que glosa Rigoberto Lanz) que hace que de un nombre se desprenda una imagen?

Se me ocurre comenzar con esa cita isabelina y esa perplejidad estrictamente mía porque cuando leo o escucho la palabra “Farruco” me resulta sumamente dificultoso pensar en un ministro de la cultura.

La voz “Farruco” invariablemente suscita en mi mente la imagen de una tapa de callos con garbanzos servida en una tasca cutre de La Candelaria. Oigo decir “Farruco” y pienso de inmediato en el guitarrista flamenco de un tablao sevillano para turistas.

No me pasa lo mismo cuando leo, por ejemplo, “André Malraux, ministro de cultura de la IV República francesa”. No pienso entonces en un funcionario degaullista, sino en “L’Espoir” o en las “Antimemorias ” y, desde luego, en una frase de Malraux que viene mucho a cuento en estos días: “la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”.

más… »

jaime_sabines2.JPG

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

más… »

halmela1.jpg

Harry Almela reunió el trabajo de 104 poetas nacionales

 

Del dulce mal ofrece otra mirada de la poesía venezolana dedicada al tema amoroso

 

Una antología que reúne a más de un centenar de voces que le cantan al amor, quizá la pulsión más antigua, no es tarea fácil. Acometida hace varios meses por Harry Almela para la colección Llámalo Amor, Si Quieres del sello Alfaguara, el resultado de la intensa criba de lecturas y reflexión es el libro titulado Del dulce mal.

 

Tomando prestados para el título unos versos de Andrés Eloy Blanco que rezan: “Y quedarnos después con la delicia/ del dulce mal con que me estoy muriendo”, este libro de 200 páginas orbita muchos de los estadios vinculados a esa emoción que caracteriza al género humano.

más… »

del_dulce_mal.JPG

Poetas presentes en la antología:

más… »

carnaval.jpg

Lo bueno de esta celebración del 4F (17 años del golpe de Chávez) un lunes de carnaval,  es que uno está tentado a pensar que esos muchachos allí en el Fuerte Paramacay de Valencia están disfrazados de algo….

¿Es una marcha militar o una caravana de carnaval?

¿De  qué vaina estarán disfrazados?
¡A que no me conoces!

no_a_las_farc2.jpg

Quizás sea la primera en su tipo.

Una protesta mundial organizada por internet.

Los jóvenes se unen para llamar a una movilización en contra de las FARC.

Cosas de los tiempos posmodernos.

¿Cómo pueden los regímenes autoritarios (de cualquier signo, de derecha o de izquierdas) detener esto?

El gran problema de la revolución del socialismo del siglo XXI es exactamente ése: proponer una respuesta premoderna en pleno apogeo de internet, de los satélites y de la telefonía celular.

Esta cotradicción resulta insuperable en términos productivos a favor del autoritarismo. A menos, claro, que se cumpla el gran sueño de Corea del Norte: aislar a los ciudadanos del mundo, crear una realidad que se teja sobre la realidad real centímetro a centímetro. Acabar con los logros de la posmodernidad en términos comunicacionales.

En Corea del Norte y en Cuba lo lograron porque ya estaban instalados en el poder.

Pero el socialismo de siglo XXI, el populismo posmoderno latinoamericano, no tiene cómo. Si ni siquiera pueden evitar que se les escapen los presos más emblemáticos, ni siquiera saben quién asesinó a Danilo Anderson, ni siquiera pueden controlar al corrupción y la escasez. Ni siquiera saben administrar su derrota.

 

más… »

adriano.jpg

GABRIEL OSORIO/ORINOQUIA PHOTO

Lo conocí en la década de los años setenta, en la ya lejana época del gran repliegue de la izquierda venezolana. Yo ya era un arrimado a la literatura y fui a una conferencia suya en alguna parte de Valencia que por suerte no recuerdo. Allí habló de lo humano y lo divino ante un auditórium cautivado por su verba. Años después, frente al pelotón de fusilamiento de La Liebre Libre, le seguí la pista en los pasillos de la Escuela de Letras de la Central, para que nos autorizara la reedición de su prólogo en un libro de Efraín Hurtado, Escampos, con el que abrimos una colección del mismo nombre dedicada a autores venezolanos consagrados. Su desprendimiento, su humor y su ironía calaron en nuestra relación personal y cavó hondo su actitud de niño desubicado y rebelde, a medio camino entre la sorpresa y el abatimiento.
Me encontré de nuevo con él, a finales del pasado siglo, en las tascas del barrio de Salamanca, cuando en las tardes huía de su papel como agregado cultural en la embajada que existía en esos tiempos. Allí conversamos largo y profundo acerca del país portátil que celebraba con tormento, de su escritura y de su docencia, de las mujeres que amó hasta la saciedad y la lágrima. Rodeado de escoceses, me lanzó una frase acerca de España que definía de un solo plumazo el grave patetismo que caracteriza a cierta intelectualidad madrileña: tanto dolerse por la pérdida de una provincia miserable como Cuba en 1898 y cuando Bolívar les arrebató dos virreinatos no dijeron ni pío. Es que a los españoles les da más caché (continúa Adriano diciendo) perder una guerra contra Estados Unidos antes que reconocer la pérdida de unas colonias por culpa de un ejército de desarrapados llaneros, moviéndose con soltura a lomos de caballo en pelo, navegando en ambos lados de la cordillera andina. Fue en esa época cuando aceptó reeditar por La Liebre Libre su librito Damas. Fue en esa época cuando me ayudó a regresar a Venezuela, llamando a cierto gerente de una línea aérea para que me facilitara un pasaje, trámite que siempre le reconocí, en público y en privado. Le dije en su momento que, en agradecimiento a ese gesto, estábamos gestionando ante una editorial gringa la edición en inglés de su novela Viejo, que llevaría por título Old Parr. Nos reímos hasta las lágrimas.
De regreso al país portátil de nuestra cotidianidad, le vi varias veces en Caracas, en medio de una ebriedad culta e inteligente de la que nunca quiso desprenderse y desde donde supo celebrar la presencia de una continuidad literaria en las generaciones más recientes. Entonces me puse a desentrañar las frases centrales de su novela, lo que me llevó hacia los primeros cronistas de Indias y a Oviedo y Baños en particular. Recordé entonces su columna en el Papel Literario, Del rayo y de la lluvia, que en algún momento será conveniente reeditar. En sus líneas también hay un país de añoranzas, de paraísos perdidos y esperanzas plenas que marcó su escritura desde los años de El techo de la ballena. Me gustó que en los últimos años no se fuera detrás de cierto hombre a caballo y que le doliera el país bifronte en el que nos hemos convertido.
Rafael Cadenas me llamó el sábado a última hora de la tarde para darme la noticia. Debajo de su voz se sentía la ausencia de ya muchos en los últimos tiempos (Jesús Sanoja Hernández, Raúl Vethencourt, Jesús Enrique Guédez). Me sentí animado a decirle que me alegraba de cierta manera. En fin de cuentas, Adriano vivió como quiso, harto de alegría y de amarguras. Fue bueno como un niño, implacable como un niño, según reza la frase del Chino Valera Mora. El último latido de su corazón sonó calladito delante de una mesa llena de amigos, seguramente bien apertrechada de víveres y béberes. Son pocos los elegidos que pueden hacer esas cosas. Son pocos los que pueden llamarse Adriano González León, haber nacido en Valera, ser autor de una obra preciosista donde el hombre y el país son los personajes principales e irse de este mundo ligero de equipaje y rodeado del afecto de sus amigos y lectores. Son pocos los que han vivido con intensidad, desde siempre y para siempre, el profundo latido de la última vanguardia venezolana. Son pocos los que han vivido como si el mundo fuese una fiesta de enlutados. Y Adriano pertenece, desde antes del inicio de los tiempos, a esa particular estirpe.

Para leer a Adriano González León:
Cuentos:
* Las hogueras más altas (1959)
* Asfalto-Infierno (1963)
* Hombre que daba sed (1967)
* Todos los cuentos más uno (1998, antología)

Novelas:
* País portátil (1968)
* Viejo (1995)

Poesía:
* Hueso de mis huesos (1997)

Otras Publicaciones:
* Damas (1979)
* De ramas y secretos (1980)
* El libro de las escrituras (textos con serigrafías de Marco Miliani, 1982)
* Solosolo (1985)
* Linaje de árboles (1988)
* Del rayo y de la lluvia (crónicas, 1991)
* El viejo y los leones (cuento infantil, 1996)
* Viento blanco (2001)

farc.jpg

a ver… a ver….
¿quién da más por el show del rescate de Emmanuel?

- la estadía de los invitados internacionales (hotel y comida, más pasajes en avión).
- la gasolina de los aviones y helicópteros.
- la estadía de los periodistas de todo el mundo que cubren la noticia.
- la estadía de los negociadores venezolanos y de la Cruz Roja Internacional.
- los dollares que cobra Oliver Stone. Porque ni de vaina deja su fría navidad imperialista para venirse a macondo de gratis… ¿o sí, calixto?

todos llevan casi una semana en villavicencio.

esperando unas condenadas coordenadas…. ¡por dios!

no me vengan ahora con el cuentico de que las FARC son humanitarias. ¿alguien ha olvidado esta noticia?:

collar.jpg

Elvia Cortés Gil de Pachón sostiene el collar de explosivos minutos antes de que explotara, en Colombia, el 15 de mayo del 2000. La señora Elvia murió cuando los técnicos antiexplosivos intentaron desmontar el aparato que presuntos guerrilleros de las FARC le colocaron por no querer pagar una extorsión de 7500 usd. Un militar también murió al intentar desactivar la bomba.

como dice el argentino: dios dirige el coro, el diablo dirige la orquesta, el hombre paga los gastos.

a ver… a ver….
¿quién da más por el show del rescate de Emmanuel?

judio3.gif

El antisemitismo es un problema que afecta a los judíos y también a los venezolanos.

El régimen que encabeza Chávez es antisemita. Las razones para esta posición son diversas, pero concurrentes, y no las desmiente el hecho de que uno que otro judío haga negocios con el gobierno o pueda ser parte de la burguesía emergente.
El antisemitismo oficial se expresa en variadas formas, que van desde las actitudes circunstanciales hasta posiciones de mayor fondo y significado. Desde la idiotez de referirse a “los que mataron a Cristo”, código nada secreto para referirse a los judíos del imperio romano, hasta la solidaridad con un peligroso malandrín internacional como es el dueño de Irán, Mahmud Ahmadineyad, pasando por las campanadas de alerta que representan los dos allanamientos miserables al Colegio “Moral y Luces”.

más… »

tags:

Entradas Posteriores »
página: 1 2 3 4 ... 14
  • estadísticas

    • páginas mostradas: 87763
    • visitas: 50665
    • páginas últimas 24 horas: 200
    • visitas últimas 24 horas: 102
    FireStats icon firestats
Cerrar
Enviar por Correo