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  • Caracas, Fundación para la Cultura Urbana, 2006.

Una forma de contribuir a la productiva querella acerca de nuestra modernidad es este título cuyos diez ensayos no tienen desperdicio, si tomamos en cuenta lo ambicioso de la propuesta, el tono y el nivel de la discusión y las temáticas que aborda: sobre el pensamiento criollo (Tomás Straka), la modernidad caraqueña (Lorenzo González Casas), educación y democracia (José Francisco Juárez), catolicismo y modernidad (Agustín Moreno Molina), los ferrocarriles en el siglo XIX (Olga González Silén), campos petroleros y ciudadanía (Miguel Tinker Salas), historiografía y novela latinoamericana (Jorge Bracho), los pabellones venezolanos en las exposiciones internacionales (Orlando Marín Castañeda), arte y modernidad (Elizabeth Marín) y la arquitectura y urbanismo de Ocumare de la Costa (Jorge Villota Peña).

La discusión central que ha venido desarrollándose en los últimos años en el campo intelectual venezolano es el intento de caracterización de nuestra modernidad en lo público y en lo privado. Una de las formas de esta discusión es el de la postura ante la llamada posmodernidad, en el entendido de que si la modernidad no ha concluido, entonces, ¿cómo hablar de posmodernidad en Venezuela? Straka no elude esta diatriba en el prólogo y señala la particular mescolanza de espacios premodernos, modernos y posmodernos que caracterizan nuestro presente, ese producto histórico que el autor no duda en sistematizarlo a partir de su concepto pensamiento criollo.

Mención particular merecen el ensayo de Tinker Salas, donde se exponen los puntos positivos de la presencia de las empresas norteamericanas y su influencia en la formación de nuestra ciudadanía (a contramano de la tradicional satanización que se ha hecho acerca de tales asuntos, sobre todo en nuestra novelística); el hermoso texto de Jorge Villota Peña acerca de la modernidad en la arquitectura y el urbanismo de Ocumare de la Costa, donde sabe mezclarse la subjetividad del recuerdo con la reflexión académica y, por último, el ensayo de Agustín Moreno Molina acerca de las relaciones no siempre tormentosas ni risueñas entre el Estado y la iglesia católica, tanto en el ámbito de sus jerarquía como en el de los laicos.

Vale celebrar este esfuerzo, más aún cuando proviene del mundo académico, tan entretenido muchas veces en inútiles discusiones de pasillos. El hecho de unir en un solo tema y en un solo volumen la reflexión de investigadores provenientes de diversas casas de estudios (USB, ULA, UCAB, IPC) es algo que puede repetirse también en otros campos humanísticos como la filosofía, la educación, la sociología y las letras.

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