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la lengua del tercer reich / viktor klemperer

Cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, George Orwell publica una novelita distópica que llevaría por título 1984, donde critica la aparición y el ascenso de la sociedad de masas, así como su descubrimiento, uso y abuso por parte del poder político, tanto totalitario como democrático. La gran contribución de este libro a la historia de la cultura es la descripción de la neolengua, idioma artificial que, según la crítica, le fue sugerida por el reciente ascenso y caída de Hitler y por la sombra aún viviente del estalinismo. En términos generales, la neolengua se fundamenta en la máxima reducción de los vocablos y de la gramática, lo que conlleva, necesariamente, a la pobreza mental y a la posibilidad de controlar la libertad humana por vía del ejercicio del panóptico, en la voz de su aterrador protagonista, el Gran Hermano.

Dos años antes, Viktor Klemperer (1881–1960) había dado a conocer su libro LTI (Lingua Tertii Imperii). Apuntes de un filólogo, un compendio de sus minuciosas memorias escritas como testigo de los abusos lingüísticos que le tocó vivir durante la Alemania nazi. La versión en castellano fue publicada en Barcelona por la Editorial Minúscula en 2001. Judío de origen y asimilado a la cultura alemana y a la religión protestante, Klemperer había venido desarrollando en teoría lo que ya Orwell sugirió en su espeluznante versión de la modernidad en Occidente, visión fantasmagórica que fue llevada al cine por Michael Radford.

Son varias las acotaciones que hace el autor acerca de LTI: su pobreza (qué otra cosa podía esperarse de su ideólogo e inspirador, Mein Kampf), el eufemismo, la proliferación de siglas, el cambio de sustantivos, tanto propios como comunes, en la vida cotidiana;  el uso de las llamadas comillas irónicas, la anulación de la presencia del otro por la vía del discurso o, en el más humano de los casos, su deshonra (judío equivale a cerdo, culpable, enemigo), anulación y deshonra que abriría paso, como sabemos, a la Shoá. En este punto, la bibliografía y filmografía es extensa y prolija.

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Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados sus recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad. El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega… todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido —y seguirá siéndolo durante miles de años— de parar el curso de la Historia.

Del libro ficiticio Teoría y práctica del colectivismo oligárquico, de Emmanuel Goldstein.

Tomado de la novela 1984, de Orson Wells.

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Harry Almela

Para Miriam Harrar y Rubén Ackerman, mis dos caras de esta moneda.

Debió ser difícil para Nelly Sachs y Paul Celan soportar y convivir con la frase de Heidegger, el lenguaje es la morada del Ser. Debió ser complicado entender que era un difícil compañero de ruta. El filósofo de la aldea, que vivió años en una cabaña de Selva Negra, nunca pudo explicar satisfactoriamente su afiliación al NSDAP, ni el haber aceptado la rectoría de la Universidad de Friburgo, ni su admiración por las pulcras manos de Adolf Hitler, el Drácula en el sótano del que habla Carl Amery. Debió ser complicado aceptar como maestro a un pensador para quien la ética nunca fue preocupación. Como lo asoma George Steiner, el largo silencio de Heidegger sobre sus posturas entre 1933 y 1945, es el argumento más completo que tenemos sobre la ontología, sobre la facticidad de lo existencial. Pero no contiene ni implica alguna ética. La cumbre de la filosofía del siglo xx rechazó cualquier intento de derivar hacia una ética, salvo en sus reflexiones acerca de la tecnología, donde concluye que el olvido del Ser es el origen de todo desarraigo.

el refugiado, 1939, felix nussbaumEl refugiado, Felix Nussbaum, 1939

(tomado de Yad Vashem)

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m. c. escher / relatividad

 

-Es un aparato singular -dijo el oficial al explorador, y contempló con cierta admiración el aparato, que le era tan conocido. El explorador parecía haber aceptado sólo por cortesía la invitación del comandante para presenciar la ejecución de un soldado condenado por desobediencia e insulto hacia sus superiores. En la colonia penitenciaria no era tampoco muy grande el interés suscitado por esta ejecución. Por lo menos en ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos, sólo se encontraban, además del oficial y el explorador, el condenado, un hombre de boca grande y aspecto estúpido, de cabello y rostro descuidados, y un soldado que sostenía la pesada cadena donde convergían las cadenitas que retenían al condenado por los tobillos y las muñecas, así como por el cuello, y que estaban unidas entre sí mediante cadenas secundarias. De todos modos, el condenado tenía un aspecto tan caninamente sumiso, que al parecer hubieran podido permitirle correr en libertad por los riscos circundantes, para llamarlo con un simple silbido cuando llegara el momento de la ejecución.

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hannah arendt

Friedrich Welsch[*]

¿Amenaza totalitaria hoy?

En marzo de 2006, en el contexto de las reacciones a la publicación de ca­ricaturas del Profeta Mahoma por un periódico regional danés, una do­cena de intelectuales, entre ellos el escritor británico-hindú Salman Rushdie y el filósofo francés Bernard-Henri Levy, firmaron una declaración ti­tulada Juntos contra el nuevo totalitarismo, que se publicó en el semanario sa­tírico francés “Charlie Hebdo” y se conoce como “Manifiesto de los doce”. El manifiesto comienza diciendo:

Vencidos el fascismo, el nazismo y el estalinismo, el mundo enfrenta una nueva amenaza totalitaria a escala global, a saber, el islamismo. Nosotros, es­critores, periodistas e intelectuales, hacemos un llamado a la resistencia contra el totalitarismo religioso y por la promoción de la libertad, igualdad de oportuni­dades y el laicismo. … Como todos los totalitarismos, el islamismo se nutre del miedo y la frustración, sentimientos a los que apuestan los predicadores del odio para lograr que sus batallones impongan un mundo negador de la libertad e igualdad. Pero nosotros insistimos con claridad en que nada, ni siquiera la des­esperación, justifica el embrutecimiento de las masas, el totalitarismo y el odio.

Este manifiesto invita a hacer algunas reflexiones (v. Misk, 2006):

- El término “totalitarismo” no debería ser devaluado a etiqueta de lucha política, como ocurre en la cita anterior, sino reservarse como categoría analítica del estudio de los regímenes políticos. En su clásica obra Los orígenes del to­talitarismo, Hannah Arendt sostiene la misma posición aconsejando el uso cuidadoso y prudente del concepto pues Si es cierto que en las fases culminan­tes del totalitarismo aparece el mal absoluto -absoluto porque ya no puede ser de­rivado de motivaciones humanamente comprensibles- entonces también es cierto que sin él no habríamos conocido nunca la naturaleza auténticamente radical del Mal. (Arendt, 1951: xxvii, trad. F.W.). Espero contribuir al uso cuidadoso y pru­dente del concepto del totalitarismo con estas reflexiones.

- Los doce escritores e intelectuales firmantes primarios del manifiesto -muchos más se han sumado desde su publicación- tienden a diluir la dife­rencia entre régimen totalitario y movimiento totalitario que establece Hannah Arendt (1951: 432, trad. F.W.): Ni el nacionalsocialismo ni el bolchevismo jamás proclamaron una forma de gobierno ni afirmaron que con la captura del poder y el control de la maquinaria del Estado habían alcanzado sus metasLa captura del poder… en cualquier país es sólo una fase transitoria… simplemente no existe ninguna meta política que constituiría el fin del movimiento. Identificar gené­ricamente al islamismo como régimen totalitario no es aceptable porque no todos los gobernantes islamistas sujetan a sus respectivas sociedades a la domi­nación total característica del totalitarismo. Pero las manifestaciones más radi­cales, fundamentalistas y dogmáticas del islamismo comparten con los movimientos totalitarios del siglo pasado su odio contra el modernismo liberal y los valores occidentales en general, sus inclinaciones terroristas, su antisemi­tismo, su culto de la muerte y su teleología de un Apocalipsis purificador que engendraría al hombre y mundo nuevos (Bennan, 2004).

- Hannah Arendt identifica la ideología y el terror nazi como esencia del totali­tarismo: Las ideologías son opiniones inocuas, acríticas y arbitrarias sólo mientras no se cree seriamente en ellas. Una vez que su reclamo di validez total es aceptado en forma literal, se convierten en núcleos de sistemas lógicos en los que. al igual que en los sistemas de paranoicos, todo se sigue de manera comprensible e incluso com­pulsiva cuando se haya aceptado su primera premisa. La locura de estos sistemas no radica solamente en su primera premisa, sino en la misma lógica con que están cons­truidos. La curiosa lógica de todos los ismos, su simplista confianza en el valor sal­vador de la devoción obstinada sin tener en cuenta factores específicos y variables, ya contiene los gérmenes del desdén totalitario por la realidad y facticidad. (1951:589s., trad. F.W.). Forma parte de la naturaleza de políticas ideológicas -y no se trata simplemente de un engaño en función del interés propio o afán de poder- que el contenido real de la ideología (la clase obrera o los pueblos germáni­cos que generó originalmente la “idea” (la lucha de clases como ley de la historia o la lucha de razas como ley de la naturaleza) es devorada por la lógica con que la “idea” se pone en práctica. (1951:608s., trad. F.W.). El terror total, la esencia del gobierno totalitario, no existe ni a favor ni en con­tra de la gente. Se supone que provee a las fuerzas de la naturaleza o historia un ins­trumento incomparable para acelerar su movimiento. (1951: 600s., trad. F.W.).

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embudo

Definición de germanófilo
Jorge Luis Borges. Revista «El Hogar». 13 de diciembre, 1940.

Los implacables detractores de la etimología razonan que el origen de las palabras no enseña lo que éstas significan ahora; los defensores pueden replicar que enseña, siempre, lo que éstas ahora no significan. Enseña, verbigracia, que los pontífices no son constructores de puentes; que las miniaturas no están pintadas al minio; que la materia del cristal no es el hielo; que el leopardo no es un mestizo de pantera y de león; que un candidato puede no haber sido blanqueado; que los sarcófagos no son lo contrario de los vegetarianos; que los aligátores no son lagartos; que las rúbricas no son rojas como el rubor; que el descubridor de América no es Américo Vespucci y que los germanófilos no son devotos de Alemania.

Lo anterior no es una falsedad, ni siquiera una exageración. He tenido el candor de conversar con muchos germanófilos argentinos; he intentado hablar de Alemania y de lo indestructible alemán; he mencionado a Hölderlin, a Lutero, a Shopenhauer o a Leibnitz; he comprobado que el interlocutor «germanófilo» apenas identificaba esos nombres y prefería hablar de un archipiélago más o menos antártico que descubrieron en 1592 los ingleses y cuyas relaciones con Alemania no he percibido aún.

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zapata 30 mayo 2009

versión originaria: cuando yo dialogo no quiero que me interrumpan.
versión segunda: yo dialogo, pero advierto que no cedo en mi posición.
versión tercera: en diálogo, los que me contradigan deben reconocer de antemano su error.
versión cuarta: después de cavilar, dictamino humildemente que el diálogo es innecesario.

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serpiente.psd.jpg

Lo que ha ocurrido en los campos de concentración supera de tal modo el concepto jurídico de crimen, que muchas veces se ha olvidado considerar la verdadera estructura jurídico-política en la cual aquellos sucesos se produjeron. El campo es el lugar en el que se ha realizado la más absoluta conditio inhumana que se haya dado jamás sobre la tierra: es decir, en última instancia, lo que cuenta tanto para las víctimas como para los descendientes. Aquí seguiremos deliberadamente una orientación inversa. En vez de deducir la definición de campo por los sucesos acaecidos, nos preguntaremos más bien: ¿qué es un campo, cuál es su estructura jurídico-política, por qué han podido tener lugar semejantes sucesos? Todo esto nos llevará a mirar el campo, no como hecho histórico, ni como una anomalía perteneciente al pasado (aunque sí eventualmente, está todavía por verificarse), sino, de alguna manera, a la matriz escondida, al nomos del espacio político en el que vivimos. Los historiadores discuten acerca de si la primera aparición de los campos se deba identificar con los campos de concentración creados por los españoles en Cuba en 1896 para reprimir la insurrección de la población de la colonia, o con los concentration camps en los cuales los ingleses a principios de siglo reunieron a los boers; lo que importa aquí es que, en ambos casos, se trata de la extensión a una población civil entera de un estado de excepción ligado a una guerra colonial. Los campos nacen, no del derecho ordinario (y nunca, como se ha podido creer, de una transformación y un desarrollo carcelario), sino del estado de excepción y de la ley marcial. Esto es todavía más evidente para los Lager nazis, sobre cuyo origen y régimen jurídico estamos bien documentados. Sabido es que la base jurídica del internado no era el derecho común, sino la Schutzhaft (literalmente: custodia protectiva), una institución jurídica de origen prusiano que los juristas nazis clasifican a veces como una medida de policía preventiva, en cuanto permitía “tomar en custodia” a individuos independientemente de cualquier comportamiento penalmente relevante, únicamente con el fin de evitar un peligro para la seguridad del Estado. Pero el origen de Schutzhaft está en la ley prusiana del 4-6-1851 sobre el estado de asedio que en 1871 se extendió por toda Alemania (a excepción de Baviera) y, mucho antes, en la ley prusiana sobre la “protección de la libertad personal” (Schutz der persönlichen Freiheit) del 12-2-1850, que encontró una gran aplicación en ocasión de la primera guerra mundial.

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hoy se cumplen sesenta y cuatro años del suicidio de adolfito hitler, el muchacho de braunau. una versión de  la locura absoluta puede leerse en este documento, conocido como su testamento político, dictado horas antes en el bunker de berlín, con las tropas rusas a ocho cuadras. años antes, en sus días de gloria, solía cantarle a su mayordomo en el castillo de berchtesgaden (bavaria), quién le teme al lobo feroz, haciendo un juego de palabras con la etimología de su nombre, que en antiguo alemán quiere decir lobo noble.

Testamento político

Más de treinta años han pasado desde que en 1914 hice mi modesta contribución como voluntario en la Primera Guerra Mundial a la que fue forzado el Reich.

En esas tres décadas he actuado, únicamente por amor y lealtad a mi pueblo en todos mis pensamientos, actos y vida. Ellos me dieron la fuerza para tomar las decisiones más difíciles que mortal alguno nunca confrontó. En ello he empleado mi vida, mi esfuerzo en el trabajo y mi salud, durante estas tres décadas.

No es cierto que yo, o alguien más en Alemania, quisiera la guerra en 1939. Fue deseada e instigada exclusivamente por esos hombres de estado quienes han sido judíos o han trabajado para intereses judíos. He hecho muchas ofertas para el control y limitación de armamentos, las cuales no podrán ser olvidadas por la posteridad, para que la responsabilidad del inicio de la guerra sea echada sobre mí.

Tampoco he deseado nunca, que después de la fatal primera guerra mundial, una segunda contra Inglaterra, o aún sobre Estados Unidos, fuera desatada. Los siglos pasarán, pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos, resurgirá el odio contra aquellos finalmente responsables -a quienes todos debemos agradecer todo lo sucedido- el Judaísmo Internacional y sus secuaces.

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zapata

La doctrina judicial nazi

Tomado de: Los juristas del horror (2006), de Ingo Müller [1987] Caracas, Editoial Actum. Traducción del alemán por Carlos Armando Figueredo. pp. 89-107..

Los profesores de derecho desempeñaron un papel importante en el declive del derecho durante el Tercer Reich. Brindaron un ropaje filosófico a los actos arbitrarios y los crímenes de los nazis, que sin ese disfraz se habrían reconocido claramente como actuaciones ilegítimas. Prácticamente no hubo desafuero alguno perpetrado por los nazis que no hubiese sido reconocido durante el régimen como “supremamente justo” y que no hubiese sido defendido después de la guerra por los mismos académicos, valiéndose de los mismos dudosos argumentos en cuanto a su “justificación” o incluso su “conveniencia” desde un punto de vista jurídico.

En vista de que, después de la guerra, los principales pensadores jurídicos o bien preservaron sus cátedras o las recuperaron rápidamente o, en otras palabras siguieron dictando sus cursos y, por cuanto la generación actual de profesores de derecho ha sido reclutada casi exclusivamente entre sus más probados estudiantes, es poca la investigación realizada acerca de la constitución de los juristas al terror nazi. Resulta casi imposible dejar de considerar suficientemente lo que significó esa contribución, ya que fue en los trabajos de esos académicos que los jueces hallaron las guías para sus sentencias y sus interpretaciones homicidas. La reiteración de esa conducta se hizo más frecuente en la medida en que el texto cada vez más vago de las disposiciones legales dejó de brindar el fundamento preciso de las decisiones.

Ya antes de 1933, los profesores de derecho con tendencia conservadora simpatizaban abiertamente con el movimiento nacionalsocialista. Así fue, por ejemplo, en 1930, cuando los miembros nazis del Reichstag propusieron una indignante enmienda de la Ley para la Protección de la República con el fin de asimilar el hecho de no prestar servicio militar y el desarme, así como cualquier alegato en el sentido de que Alemania había sido responsable de la Guerra Mundial, a “traición militar”, previendo la pena de muerte para todos esos actos. Dicha propuesta, con la que se buscaba igualmente considerar como delitos capitales el “vilipendio de los héroes de guerra, vivos o muertos,” la “traición a la raza” y el “menosprecio de los símbolos nacionales” fue recibida con entusiasmo por varios notables juristas. Georg Dahm elogió la “valiente renuncia a las limitaciones de las tipificaciones” de lo que eran tales delitos. Por su parte, el Profesor Nagler opinó que por fin se había hallado una manera efectiva de luchar contra el “derrotismo de todo género”, añadiendo que, según él, la enmien­da no era suficiente, sin embargo, y proponía la adopción de penas más severas en los casos de traición culposa igualmente, y también tal vez para el caso de “culpa en asistencia e incitación a traición.”

El 7 de abril de 1973, todos los profesores de derecho judíos y los pocos que no eran conservadores fueron despedidos de sus universidades bajo circunstancias humillantes. De un solo plumazo, 120 de los 378 juristas que venían impartiendo clases en escue­las de derecho alemanas en 1932 fueron despedidos -en otras palabras, un tercio del número total y la mayoría de ellos por motivos raciales. Sus cargos quedaron vacantes, a disposición de prometedores colegas de facultad sin cátedra pero con una “orientación nacionalista”. Entre ellos, el conde Wenzeslaus Gleispach, un experto penalista austríaco, muy estimado en Alemania, fue beneficiado con el cargo de profesor honorario en Berlín después de que se le impusieron medidas disciplinarias en Viena, en 1931 por agitación nacionalsocialista. Además, sólo en Prusia, en 1933, Hermann Bente, Georg Dahm, Ernst Forthoff, Heinrich Henkel, Heinrich Herrfarth, Fritz von Hippel, Ernst Rudolf Huber, Max Kaser, Karl Larenz, Siegfried Reicke, Paul Ritterbusch, Karl Siegert, Gustav Adolf Walz, Hans Julius Wolff y Hans Würdiger también fueron nombrados profesores. Casi todos ellos eran jóvenes y siguieron enseñando hasta finales de los años sesenta (Para 1939, prácticamente las dos terceras partes de los profesores en las escuelas de derecho habían sido nombrados en 1933 o después.) Algunos liberales diseminados que no habían sido despedidos después de la “restauración permanente de la administración pública” renunciaron a sus universidades y se retiraron a la “emigración interna”. Uno de los escasos docu­mentos de valentía e integridad moral en esa época es la carta de Gerhard Anschütz, profesor de derecho público en Heidelberg, en la que solicitaba jubilación anticipada. Anschütz le escribió al ministro de cultura en el estado de Badén manifestándole que no podía unirse a unos intelectuales en su “solidaridad con el nuevo derecho penal alemán que estaba tomando cuerpo,” que requeriría entrenar a los estudiantes de derecho “según la intención y el espíritu del gobierno actual.”

La Asociación de Instituciones Alemanas de Educación Superior, que hablaba a nombre de los universidades, alabó el “surgimiento del nuevo Reich alemán”, calificándolo de “realización de sus anhelos y confirmación de las esperanzas apasionadas en las que se basaban.” Una vez que las facultades de derecho del país rompieron alegremente con sus colegas judíos y (social)demócratas, con inusitada audacia se dedicaron a echar por la borda los logros que fueron objeto de lucha y que se obtuvieron en Europa durante siglos de combate: Las exigencias de que la enseñanza del derecho fuese desinteresada, objetiva y autónoma. Los juristas académicos estaban más que dispuestos a regresar al papel de sirvientes que había caracterizado a la profesión en la Edad Media, así como a aceptar un sistema de valores que se les imponía desde afuera. En palabras de Bernhard Rust (ministro de Ciencia, Educación y Formación del Pueblo), “la ciencia ya no es posible sin un fundamento de valores.” Carl Schmitt lo concretó para la ciencia jurídica, de la siguiente manera: “La totalidad del derecho alemán hoy en día… debe regirse solo y exclusivamente por el espíritu del nacionalsocialismo…Cada interpretación debe ser una interpretación según el nacionalsocialismo”.

Entre las facultades de derecho, cuyos miembros eran ampliamente anti-republicanos, antidemocráticos y de actitud autoritaria se recibió favorablemente el espíritu contrario a la Ilustración del nuevo régimen Durante los primeros años del Tercer Reich, sólo los profesores recién nombrados, que debían su carrera a la política de personal de los nazis, sino también los profesores establecidos fueron marcadamente productivos en la tarea de ayudar a fundamentar el sistema jurídico nacionalsocialista.” Consideraban que era deber suyo lograr una “coordinación” jurídica intelectual de las instituciones jurídicas que ya habían sido coordinadas en otro nivel. En esta tarea, algunos de los profesores titulares más antiguos se esforzaron en mejorar las realizaciones de sus colegas más jóvenes para demostrar su fervor nacionalista. Wilhelm Sauer, por ejemplo, que había sido titulado profesor en 1919, publicó en el prestigioso Archiv fur Rechtsphlosophie, en 1939, un llamado a “elevar al Führer como una figura iluminada y un héroe que conduce al alma alemana fuera de las tinieblas hacia la luz, mostrándole el camino seguro hacia Valhalla, hacia Dios Padre en la verdadera nación alemana, brindando a sus propios hermanos un ejemplo de esa viga gótica, ofreciéndoles apoyo en su autoayuda, para que todos los alemanes puedan llegar a ser hermanos en Dios Padre.”

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Mihály Dés/ tomado de: Lateral. Revista de cultura

No es un viejo fantasma que recorre Europa, sino un mutante. Una nueva forma del antisemitismo se está colando en nuestra vida pública e, incluso, ha logrado una buena reputación. ¿De qué se trata? Y si fuera verdad, ¿cómo ha sido posible?

Tristes tiempos corrieron para el antisemitismo después de la Segunda Guerra Mundial. El Holocausto lo desacreditó tan despiadadamente que tuvo que replegarse durante varios decenios. Pero, como era de esperar, no desapareció. Los que, como servidor, habían vivido en carne propia el socialismo real, sabían que en la sombra prohibitiva del marxismo-leninismo sobrevivía todo tipo de racismo posible. El que más, el odio a los judíos.

En mi primer viaje a Occidente me enteré de que también en el Mundo Libre el antisemitismo seguía vivo y coleando. En París un bombero pluriempleado, con quien compartí el noble oficio de cargar muebles, me explicó que el mundo estaba dirigido por los judíos que, a la sazón, tenían su cuartel general en Moscú. Desde entonces me he seguido informado de otras fechorías hebraicas y de otras sedes de su conspiración global: Amsterdam, Varsovia y, naturalmente, Nueva York y Jerusalén.

Pero todo eso no era sino el viejo antisemitismo, temporalmente limitado al uso doméstico. Para que el odio más persistente de la historia volviese a ganar la plaza pública hacía falta volverse políticamente correcto. Era preciso encontrar una culpa universal para los hijos de Israel, algo en la línea de antes: asesinos de Jesús, usureros chupasangres, líderes del capitalismo y del anticapitalismo… Esta oportunidad la ofreció el Estado de Israel, cuya disputada creación, dicho sea de paso, fue apoyada por la progresía mundial y votada por los componentes del imperio soviético.
Pero las cosas se enredaron pronto. Los auténticos intereses geopolíticos de la URSS estaban en el lado árabe y el sionismo se convirtió en uno de los principales enemigos del campo de la paz. Se embrollaron las cosas, y mucho, también en Israel, pero no teman que trataré de aclarar este asunto en el restante folio y medio.

El caso es que Medio Oriente, con Israel como su epicentro, se ha vuelto en el punto neurálgico de la Tierra y, por consiguiente, en el centro de atención de la opinión pública internacional. Si las sucesivas guerras y amenazas a las que el Estado de Israel ha estado expuesto desde el mismísimo día de su creación no han logrado despertar un sentimiento pro árabe y anti israelí generalizado, sí lo ha hecho la lucha del pueblo palestino, sobre todo en su versión de Intifada. Según la opinión dominante en el mundo islámico y entre buena parte de la izquierda europea (en compañía de la extrema derecha), Israel es un Estado represor, que está cometiendo un genocidio.

Este radical diagnóstico ofrece la base ideológica y sentimental de dos nuevos tipos de antisemitismo: uno islámico, particularmente agresivo, y otro occidental, de origen izquierdista y liberal. El primero se traduce en actos violentos. El segundo de alguna manera los legitima.

Para un conocimiento sobre el antisemitismo islámico, recomiendo consultar la página web www.memri.org, que ofrece un archivo impresionante sobre las manifestaciones antisemitas en los medios islámicos, desde la invitación a exterminar a los judíos hasta la apología del nazismo. El fenómeno no se circunscribe a Medio Oriente. Desde septiembre de 2000, fecha de inicio de la Segunda Intifada, ha habido y un incremento espectacular de actos violentos contra instituciones y personas judías. La web www.tau.ac.il/Anti-Semitism informa debidamente a los interesados, quienes encontrarán abundante material también en La nueva judeofobia de Pierre-André  Taguieff (Gedisa, 2003).

Desprovista de los grandes relatos, desorientada como nunca, parte de la izquierda occidental se ha volcado sobre la causa palestina con el mismo maniqueísmo combativo como lo hizo en su día en relación con la Unión Soviética, la revolución cubana y otros despropósitos históricos. Hasta aquí la historia de siempre, pues. La novedad es que esa defensa indiscriminada e incondicional de los palestinos empieza a incluir elementos específicamente antisemitas.

Fíjense no más en esas caricaturas aparecidas en diarios españoles ideológicamente muy diversos sobre el conflicto palestino-israelí, de las que ofrecemos una muestra en el presente número. En casi todas, la figura del israelí es representada como el judío de la propaganda nazi: un tipo siniestro y encorvado con una enorme nariz ganchuda. En todas las viñetas se insiste en algún tipo de paralelismo con el genocidio, el nazismo, la svástica. El mensaje nada subliminal es el de Saramago: ahora los judíos son como sus antiguos verdugos. Comparar las atrocidades cometidas por Israel, en permanente estado de guerra, con la eliminación industrial de millones de seres humanos sin resistencia, es una falacia histórica que justifica el mismo trato con los israelíes que los nazis les dieron a los judíos. Utilizando viejos símbolos hebraicos, las viñetas borran la diferencia entre un gobierno concreto, los ciudadanos de Israel, el sionismo, los judíos e, incluso, a veces, los EEUU. He aquí la vieja conspiración judeomasónica: los todopoderosos judíos son culpables de todo, inclusive de los atentados contra ellos mismos.

Naturalmente, nuestros dibujantes estarían indignadísimos si supieran que les acuso de fomentar el odio racial. Éste es precisamente el signo distintivo del antisemitismo posmoderno: no se reconoce como tal. Hasta ahora todos los antisemitas de la Historia estaban encantados de serlo. Nuestras bellas almas no lo saben o, al menos, no lo confiesan.

Extender la descalificación de un gobierno de Israel a todos los isrelíes y, a su vez, a los judíos en general es tan atroz y racista como tachar a los musulmanes en bloc de fundamentalistas o terroristas. Lamentablemente, esto último también ocurre, pero sobre todo a nivel popular y, por el momento, no está bien visto. En el otro lado, en cambio, el trato maniqueo y perjudicial se ha vuelto tan normal que uno ya ni se da cuenta. Yo mismo he visto varias de esas caricaturas sin haberme alarmado.

Hace pocos días, media Barcelona estaba empapelada con unas octavillas firmadas por una tal Entesa Islam-Catalunya y la Plataforma Joves per Palestina, declarando que “El sionismo derrumbó a Europa en 200 años”, “El sionismo planificó la estructura Económica y política de Europa”, “El Sionismo controla la ONU y el FMI”, “El Sionismo pretende ahora acabar con el Islam y el Mundo Árabe”, “El Sionismo controla el proceso de la Globalización Mundial”. O sea, puro Mein Kampf. Pero como también exigían una “Palestina libre”, su mensaje pasa, incluso despierta adhesiones, tal como podemos constatar en todas las manifestaciones por la paz y la libertad.

Empezando con la instauración del monoteísmo, los judíos han dejado su impronta varias veces en la historia universal, aunque sea mediante sus disidentes, como Jesús o Marx, o su martirio, como en el caso del Holocausto. Tiendo a pensar que también el conflicto que están padeciendo ambos bandos en tierras bíblicas tiene esa trascendencia universal. Y no sólo por cuestiones geopolíticas. En una época de dramáticas migraciones y dificultosas integraciones, de desigualdades crecientes entre los países, de conflictos religiosos y étnicos, de economías y violencias globalizadas, Occidente está ante portem (o, incluso, algo más adentro) de los mismos problemas que en Israel están ya en una mortal colisión. Este conflicto difícilmente se resolverá sin asistencia internacional, y el enfoque que se le dará será lo que en gran medida determinará cómo Occidente podrá abordar los mismos desafíos en su propia casa.

El antisemitismo políticamente correcto que se ha colado en nuestra vida pública contribuye generosamente a que las cosas vayan peor para todos, así en la Tierra Santa, como en la nuestra profana. En este sentido, entonces, el nuevo antisemitismo es exactamente como el viejo.

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El antisemitismo es un problema que afecta a los judíos y también a los venezolanos.

El régimen que encabeza Chávez es antisemita. Las razones para esta posición son diversas, pero concurrentes, y no las desmiente el hecho de que uno que otro judío haga negocios con el gobierno o pueda ser parte de la burguesía emergente.
El antisemitismo oficial se expresa en variadas formas, que van desde las actitudes circunstanciales hasta posiciones de mayor fondo y significado. Desde la idiotez de referirse a “los que mataron a Cristo”, código nada secreto para referirse a los judíos del imperio romano, hasta la solidaridad con un peligroso malandrín internacional como es el dueño de Irán, Mahmud Ahmadineyad, pasando por las campanadas de alerta que representan los dos allanamientos miserables al Colegio “Moral y Luces”.

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Socialismo a la venezolana: cinco problemitas
Raúl González Fabre, s.j.*

Publicado en la Revista SIC/Miércoles, 7 de marzo de 2007

Tomado de analitica.com

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El socialismo del siglo XXI será, en resumidas cuentas, algo verdaderamente novedoso: economía estatizada sobre un Estado en derrumbe; empresas sin empresarios y mercados sin mercaderes para una economía de importaciones o anaqueles vacíos; inspirada improvisación del Caudillo en lugar de coordinación por el mercado o planificación central; y sobre todo, distribución de renta petrolera a cambio de obediencia política, dinero rodando sin esfuerzo ni riesgo para que el pueblo y los vividores del caso sigan siendo de Chávez. Para este viaje, es verdad, no necesitamos más Hombre Nuevo que aquel venezolano que votó a Lusinchi porque “los adecos roban y dejan robar”.

Hugo Chávez fue reelegido en diciembre de 2006 con más de 60% de los votos. Durante la campaña y después, aseguró que votar por él era apoyar un ‘socialismo del siglo XXI’ de contornos imprecisos. Al mismo tiempo, el núcleo de su campaña consistió en una expansión del gasto público que dio lugar a una fenomenal piñata populista, con el dinero y las importaciones corriendo con una abundancia que recordaba el primer periodo de su archirrival Carlos Andrés Pérez.

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Hijos de inmigrantes/ de mierda fuera/ de la patria de Bolívar/ sus malditas raíces/ están/ en Europa/ basuras/ son

Leyes de Nüremberg del 15 de setiembre de 1935
Ley de ciudadanía del Reich y Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes del 15 de setiembre de 1935.
En: Boletín Oficial del Reich, año 1935, parte I, págs. 1146-1147
El Reichstag ha sancionado por unanimidad la siguiente ley, que queda promulgada por la presente:

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